Autor: Farrucini

Música post-apocalíptica en el tejado

  Cuando Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro se plantearon meterse en la mente de Terry Gilliam crearon un escenario un tanto turbio, crearon Delicatessen. Se lo pusieron difícil a sus personajes, especialmente a esta pareja de enamorados… Pero al final, y a pesar de todo, Louison y Julie acabaron deleitándonos con su música desde el tejado. Aquella mañana empezó con bruma…

Encontrado el Babadook en un libro de Edward Gorey

  Jennifer Kent ha creado un clásico del terror. No sabemos si esa era su pretensión, pero lo ha hecho. Suponemos que ningún cineasta –medianamente cuerdo y humilde-, piensa que va a lograr semejante hito con su primera película. Menos cuando nadie esperaba que alguien fuese hacerlo, cuando tantísimos fans del género habían tirado la toalla, habían aceptado que no habría ser capaz de volver a hacer una obra original y fiel en su justa medida: sin pecar de excesiva originalidad ni de excesiva fidelidad. Los adeptos al género de terror llevaban años venerando películas de otras décadas y aplaudiendo con esmero remakes, segundas y terceras partes de glorias pasadas. No había otra opción. Pero entonces llegó ella… Llegó ella con un monstruo nuevo, pero muy familiar… con una historia diferente, pero que nos sonaba haber escuchado… con un montaje fresco, pero que bebía del cine de terror de los grandes maestros, y cuando digo de los grandes maestros me refiero a los primeros maestros, no solo del cine de terror sino del cine como arte. …

De cuando Luis Buñuel descubrió el cine en ‘Farrucini’

  “En 1908, siendo todavía un niño, descubrí el cine. El local se llamaba “Farrucini”. Fuera, sobre una hermosa fachada con dos puertas, una de entrada y otra de salida, cinco autómatas de un organillo, provistos de instrumentos musicales, atraían bulliciosamente a los curiosos. En el interior de la barraca, cubierta por una simple lona, el público se sentaba en los bancos (…) Las primeras imágenes animadas que vi, y que me llenaron de admiración, fueron las de un cerdo. Era una película de dibujos” Esto es lo que cuenta Luis Buñuel sobre su primera experiencia con el cine en Mi último suspiro. Habla del local de un hombre de origen catalán –dicen por ahí que en realidad era italiano- que se hizo famosillo en la Zaragoza de principios del siglo XX por acercar la ilusión a propios y extraños. Antes de asentarse en la tierra que vio crecer al cineasta, aquel hombre había recorrido gran parte de la geografía española con una barraca que, al parecer, no dejaba a nadie indiferente. El nombre de …