Buenos Días
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Quizá no sea una bestia… quiero decir, quizá somos solo nosotros

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Las cosas comienzan a fallar. No sé por qué. Todo comenzó bien, pero empezamos a olvidar lo realmente importante: lo más importante para nosotros es que nos rescaten. Así que discutamos quién hace qué y cuando lo decidamos empezaremos de nuevo.

(…)

Dice que hay una bestia, que viene del mar… (…)
– Tal vez quiere decir que es un fantasma…
– Quizá no sea una bestia… (Todos ríen)
– ¡Callad! ¡Tiene la caracola!
–  Quiero decir que, quizá somos solo nosotros.
– ¡Tonterías!
– Deberíamos haber aplazado esto hasta el amanecer. Estamos cansados. Hagamos una votación sobre el fantasma y luego volvamos a los refugios… ¿Quién cree que haya fantasmas?
– ¡Yo no creo que haya fantasmas! Recordadlo todos…
– ¡Calla babosa!
-¡Tengo la caracola!

El señor de las moscas (1963), Peter Brook

El texto de Golding es peligroso, se puede malinterpretar al gusto, se puede entonar de diferentes formas, puede ser un arma letal, o un refugio perfecto: te invita a juzgar al hombre, y también a apiadarte de él. Y de nuevo los niños… los niños, la pureza utilizada como retrato del mundo adulto, como reflejo de las maldades de la sociedad que hemos construido, de su engranaje.

Peter Brook sabía que este texto era peligroso y por eso lo quiso filmar de la manera más libre posible dejando espacio para la reflexión. Entre las conversaciones de estos niños hay grandes momentos de silencio… planos de miradas, planos en los que el espectador tiene la oportunidad de oír, ver y callar. Y de pensar, siempre pensar. En El señor de las moscas hay democracia: asambleas, turnos de palabra, votaciones, egos y… violencia. Palabras que durante estos días se repiten en exceso, palabras desvirtuadas. Por eso hoy recomendamos ver esta película con atención y malinterpretar al gusto cada una de estas frases cargadas de sabiduría.

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