Buenos Días
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Por comodidad no protesté porque se mutilara la verdad en nuestros libros de texto

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“Quería matar a Lambert, pero no creo que hubiese sido capaz. Soy demasiado débil. Soy un cobarde. Todos lo saben, hasta el fiscal. Por eso se ha estado burlando de mí. No soy cobarde aquí dentro. Tengo valerosos sueños… En mi interior no temo al asesinato, pero cuando me enfrento a la realidad, al mundo exterior, estoy perdido. Soy un cobarde. Es curioso, en todos nosotros hay dos personas: la de dentro y la de fuera. Lambert también era dos hombres, no me di cuenta hasta que no le vi muerto y supe el porqué de su muerte. No podía enfrentarse a la realidad. Pero él era distinto a mí. Él era fuerte por fuera y débil por dentro. En su interior era un cobarde. Y cuando el honrado cobarde contempló lo que había hecho el otro, el George valiente, no pudo soportarlo, así que se suicidó. Es extraño, pero me sentí fuerte por primera vez en mi vida…”

 “…La lucha es muy dura, no sólo hay que luchar contra el hambre y contra la tiranía, hemos de luchar primero contra nosotros mismos. La ocupación, cualquier ocupación en cualquier país, es posible solo porque estamos corrompidos. Soy el primero en acusarme, por flaqueza y por comodidad no protesté  porque se mutilara la verdad en nuestros libros de texto. Mi madre me conseguía alimentos y leche y aceptaba sin ver que se los estaba quitando a niños y a gente más pobre que nosotros (…) Todos somos culpables por hacer posible la ocupación, caemos en las garras de los invasores del país. Los únicos dueños aquí son los soldados alemanes. Y por eso sé que deben condenarme a muerte, no por asesinar a George Lambert, cosa que no hice, sino porque he dicho la verdad ante todos ustedes y la verdad no puede existir durante una ocupación. Es muy peligrosa. La ocupación solo se alimenta de grandes mentiras…”

Esta tierra es mía, Jean Renoir (1943)

Renoir regaló a Charles Laughton un personaje memorable que crece, que se transforma, que realmente sorprende. La evolución en la interpretación de Laughton es mítica y en las secuencias que hemos elegido está la guinda (lamentamos profundamente no haber encontrado la segunda en versión original…).

El propio director  definió así Esta tierra mía:

“Es una historia destinada a probar que el oficio de ciudadano de un país ocupado por el enemigo no es tan sencillo como en 1943 parecían creer en Hollywood. Las conversaciones heroicas de los emigrados me parecían de mal gusto. ¡Cuántas expediciones victoriosas contra Vichy nacieron en los cafés! El heroísmo a 10.000 kilómetros del enemigo es fácil. El protagonista de Esta tierra es mía es un perfecto cobarde. Tiene un miedo terrible de los alemanes, y tiene mucha razón. Al contrario que los resistentes californianos, intenta pasar inadvertido. Se compromete salvando la vida de un resistente y, héroe a pesar de su miedo, será fusilado por los alemanes. Los héroes verdaderos son modestos”.

Cuántas películas de propaganda antinazi se rodaron en Hollywood en aquella etapa oscura, y cuántas promovieron realmente valores universales, es decir, que no necesariamente exaltaban el patriotismo -concretamente el americano, el único que parecía válido y legítimo a pesar de haber llegado tarde al combate-. No son tantas las obras  sutiles al respecto, y menos las que van directas al corazón en su discurso moral, y menos aún las que hacen una humilde autocrítica. Esta tierra es mía lo es. Para empezar Jean Renoir elige a dos profesores, encargados de mantener y procurar la supervivencia de la cultura, como protagonistas. Utiliza un libro, unas páginas arrancadas, como elemento simbólico e imprescindible. Es evidente que hay mucho que leer entre lineas en esta película.

Y a pesar de todo, de la elegancia e inteligencia que impregnan esta película, fue muy mal recibida entre los compatriotas de Renoir, los que no aceptaron la autocrítica -más patriotas que los propios americanos-.

 

 

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