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‘Grandes Familias’, el regreso de Jean-Paul Rappeneau

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 abrá quien lleve doce años esperando el regreso de Jean-Paul Rappeneau. Hoy, el cartel de su nueva película, Grandes Familias (Francia, 2015)  ocupa la portada de revistas culturales y toda la prensa cinematográfica tiene un hueco reservado para él. Es lógico, teniendo en cuenta que este veterano realizador es el autor de Cyrano de Bergerac (1990). Pero 26 años después de aquella virtuosa interpretación del clásico, nos encontramos con una comedia difícil de defender, más allá de algunos destellos en la realización de alguien considerado como un artesano dentro del cine francés.

El argumento gira en torno a Jéromê Varenne, un financiero que vive en Shangai y que aprovecha una escala en París para reencontrarse con su familia. Pero este hijo pródigo descubre que la vieja mansión familiar de su infancia está en peligro de demolición y tendrá que quedarse más días de lo esperado para solucionarlo. La casa hará de elemento catalizador de las rencillas familiares, el turbio pasado del fallecido patriarca y los enredos amorosos entre los personajes.

Como suele ocurrir con casi todos los regresos (esta vez hablamos del director y no del protagonista) aparece el problema de las expectativas. Quizás el error está en que tendemos a poner el listón en la mejor obra del director. Por eso, cuando aparecen los créditos, nos da la sensación de que la película no ha estado a su altura.

Primero, porque en un principio parece que nos enfrentamos a una comedia de enredo que, o se sostiene sobre un guión sólido o se cae. En este caso, Rappeneau a coescrito junto a su hijo Julien Rappeneau y Philippe Le Guay (Molière en bicicleta) un guión que no aprovecha las reglas del género. Sobre la mitad del metraje, la película se convierte en una comedia romántica. El problema es que lo hace de forma forzada para que la película no acabe de hundirse. Y eso no suele funcionar.

Segundo, porque no entendemos las motivaciones de algunos personajes. Por qué se enamoran en un momento dado. Por qué parece que se conocen tan poco viniendo de la misma familia. Por qué ese pianista chino. Por qué ese final tan inverosímil.

Como único destello, además de la dirección de actores, (Mathieu Amalric y Marine Vacth) está el hecho de que Rappeneau, a sus 84 años, sigue rodando con viveza. Parece que, doce años después, ha venido a demostrarnos que puede  rodar escenas con ritmo (el ritmo es lo mejor de esta película), que su cine está vivo en los planos secuencia, en la luz de los paisajes y las fachadas de las casas, en las escenas corales, en los diálogos rápidos, en el ruido que se genera en torno a los personajes. Pero solo el ritmo no convierte un filme en una comedia. Solo el ritmo no hace reír. Y este es el principal problema de cualquier comedia y, en concreto del género francés en este tiempo. Un guión normal bien dirigido no parece suficiente para Rappenau. Para algunos quizá lo sea.

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Grandes Familias
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· Año: 2015
· Duración: 113 min.
· País: Francia
· Director: Jean-Paul Rappeneau
· Guión: Jean-Paul Rappeneau, Philippe Le Guay, Julien Rappeneau
· Fotografía: Thierry Arbogast
· Música: Martin Rappeneau
· Reparto: Mathieu Amalric, Guillaume de Tonquedec, Nicole Garcia, Gilles Lellouche, André Dussollier, Karin Viard, Marine Vacth, Gemma Chan

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