Buenos Días
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Fui yo. Yo le maté

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– A las once de la noche del jueves, fui a nuestro chalet y encontré el cadáver de mi marido en la cama. Y aunque no lo haya dicho todavía, también se quién cometió el crimen… Fui yo. Yo le maté. No se qué hice con la pistola, debí tirarla por algún sitio. No recuerdo bien lo que… lo que ocurrió después. Sólo recuerdo que volví a casa y una vez allí se me vino todo encima. No podía llamar a nadie para desahogarme, no sabía qué hacer, sólo sabía que no volvería a ver a Manuel y eso me producía un dolor tremendo… No se cómo, se me ocurrió de pronto, para luchar contra aquella angustia, cogí una cámara de fotos y empecé a fotografiar los cuerdos de nuestra vida en común: fotografié la mesa de su escritorio, con los papeles como él los ordenó la última vez… su bolsa de deporte… la cama… su bata… el armario con sus trajes… el sillón donde él solía verme frente al televisor… fotografié incluso un par de sábanas preciosas que había comprado unos días antes y que ya no compartiríamos. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba sola y de que matando a Manuel no había matado el amor que sentía por él… 

– Señorita, ¿le importa acompañarnos? 

– Espere un momento, por favor, todavía no he terminado… De momento eso es todo. Les recordamos que a las ocho y media de la tarde en la segunda edición de Noticias podrán ustedes ver esta y otras noticias que irán llegando a nuestra redacción. Hasta ese momento y como siempre, gracias por su compañía y adiós.

Tacones lejanos, de Pedro Almodóvar

“Rebeca confiesa su crimen, pero nadie la cree. Era un ejercicio que me interesaba. El personaje se confiesa tres veces en la película y cada vez que lo hace resulta auténtico y sincero. Ahora bien, las tres confesiones dan una impresión equívoca y son complementarias. Era muy arriesgado. En primer lugar porque podría haber resultado muy aburrido que una actriz hiciera tres monólogos para confesar el mismo hecho. Pero Victoria consiguió interpretar tres confesiones distintas realmente emotivas y diferentes. Este tratamiento de la intriga tenía la ventaja de ser menos evidente –y más difícil de realizar- que el sistema del culpable y falso culpable que se ha utilizado tanto en el cine, sobre todo en el caso de Hitchcock. Rebeca es culpable o falsa culpable, pero siempre es ella la que se acusa a sí misma. Mientras que la confesión es un acto pasivo del que se es víctima, la culpabilidad para Rebeca se convierte en algo que ella misma manipula, utilizando las confesiones según sus propios intereses. Es una cosa un poco abstracta, pero espero que quede lo bastante clara en la película”.

(Fragmento de las entrevistas publicadas en Conversaciones con Pedro AlmodóvarFréderic Strauss)

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