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Entrevista a Thomas Lilti, director de ‘Hipócrates’

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“Cuando piensas que un médico es un héroe le haces un flaco favor, los médicos son seres humanos con sus debilidades”

 

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homas Lilti, médico y cineasta a partes iguales, se ha propuesto hacer una miscelánea de sus dos profesiones, para ser más justos, más que una miscelánea deberíamos decir que lo que ha hecho es una unión bastante coherente entre dos carreras a priori incompatibles. Hipócrates es una película en parte autobiográfica, en parte crítica y en parte autocrítica sobre el día a día de lo que muchos observan como un ‘micro mundo’: el hospital público; y además es una película sanadora pues libera a los médicos de la función divina que la sociedad les ha impuesto. Ser un dios es una responsabilidad enorme para un ser humano.

Lilti  destapa la hipocresía que invade los hospitales -la misma que invade cada rincón del planeta-, la fragilidad del hombre y las consecuencias de sus errores. Lo hace desde la perspectiva inocente del que acaba de empezar, del que tiene la ilusión utópica… ¡Benditos residentes! Evidentemente, lo que cuenta sobre esta profesión se puede extrapolar a todas las demás, la propuesta es una reflexión filosófica y ante todo un espejo en el que poderse mirar sin temor a ver los defectos.

No piensen por mis palabras que el mensaje de Hipócrates es desmoralizador, tampoco es intenso, todo lo contrario. Siempre he pensado que la profesión de médico es la más heroica… Suerte que ellos tienen los pies en el suelo, suerte que son de este mundo. Thomas Lilti ha hecho esta película para recordárnoslo de una manera muy amena. Tuvimos la oportunidad de charlar con él junto con otro compañero y recalcó lo que ya deja ver en el que es su segundo largometraje: los ‘médicos-héroes’ no le interesan. Así que lo que pueden ver en Hipócrates nada tiene que ver con las series sobre médicos que abundan en televisión, es algo mucho más cercano, más admirable.


 

Farrucini: No hay relación etimológica entre Hipócrates y la palabra hipócrita, pero imagino que sí has querido jugar con la sonoridad que comparten…

Thomas Lilti: Sí claro… La idea de llamarla Hipócrates lleva al juramento hipocrático y consecuentemente a la buena práctica de la medicina y a esos valores extremadamente nobles que el sistema ha puesto en peligro, pero evidentemente está esta dimensión de hipocresía también, sobre todo de hipocresía en torno a esta capacidad de faltar al respeto al juramento hipocrático.

F: Conoces bien la profesión, eres médico, y te atreves a desmitificarla… Puede que parte del público vea esto como algo negativo, pues a los médicos se les considera héroes. ¿Qué ventajas tiene hacer algo así?

TL: Creo que la ventaja es para todo el mundo… Cuando piensas que un médico es un héroe le haces un flaco favor al médico, estaría muy bien que los médicos dejaran de tomarse por héroes, que todo el mundo se de cuenta de que son seres humanos como tú y como yo. Para mí es muy importante que un médico pueda decir: “no sé”, o que pueda aceptar la idea de equivocarse. El drama es que muchos médicos prefieren decir cualquier cosa antes de decir que no saben y eso es mucho peor. Siento mucha más admiración por los médicos y enfermeras que sí lo aceptan, porque son seres humanos con sus debilidades. El médico-héroe no me interesa. Y además no existe… (risas).

¿Cómo conjugas el trabajo de médico y cineasta? ¿Es curativo para ti? ¿Crees que el arte en general es beneficioso tanto para los pacientes como para los médicos?

TL: Creo que evidentemente la música, la comedia, el teatro… todas las expresiones artísticas pueden ser muy beneficiosas para los enfermos durante el tratamiento terapéutico… En mi caso, creo que el cine, el hecho de hacer cine, quizá puede ayudarme a ser mejor médico, pero mi trabajo como cineasta está muy influido por mi formación de médico; mi visión de las cosas, mis obsesiones en torno a la muerte, a la enfermedad, el sentido que encuentro en todo esto viene mucho de mis estudios y de mi enfoque bastante cartesiano de la medicina.

F: ¿Pero cómo lo compaginas? Porque tanto la de médico como la de cineasta son profesiones que absorben muchísimo tiempo…

“El tiempo es extensivo: cuantas más cosas tienes que hacer más tiempo encuentras para hacerlas”

TL: Desde los 18 años me he dedicado a las dos en paralelo, siempre he hecho las dos, de medicina evidentemente aprendí en la universidad y de cine aprendí de manera autodidacta, haciendo pequeños cortos al principio. Creo que el tiempo es un poco extensivo, es decir, cuantas más cosas tienes que hacer más tiempo encuentras para hacerlas (risas). Luego, desde hace un par de años en concreto, en el hospital hago sustituciones, esto me permite practicar de manera ocasional la medicina y dejar mucho más tiempo para el cine. Actualmente diría que el cine ocupa el 80% de mi tiempo y la medicina el 20%, pero hace cuatro o cinco años era lo contrario, y quizá dentro de otros cuatro o cinco sea lo contrario otra vez.

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F: Cuando uno se dedica a una profesión tan vocacional, ¿es inevitable que en algún momento de la carrera tenga que pasar por una etapa de desencanto, de decepción? Es lo que les pasa los dos residentes en Hipócrates, parece que es una prueba de fuego a superar…

TL: Sí, creo que sí. Y creo que la gran dificultad es no poder expresarlo. Es muy importante cuando estudias medicina o cuando ya eres médico que en esos momentos en los que crees que algo no funciona puedas decirlo y puedas compartirlo con alguien. El gran problema con los médicos-héroes que se creen todopoderosos es que no te atreves a decir: “he cometido un error, me he equivocado, creo que no estoy hecho para este oficio…”. El personaje de Benjamín, cuando va a ver a su padre y le dice que ha cometido un error, su padre en lugar de escucharle le dice: “no, vamos a olvidarlo”. ¡Eso es lo que le vuelve frágil! Sin embargo el personaje de Abdel, cuando Benjamín le dice: “no estoy hecho para este oficio”, le responde: “no tienes elección, la de médico no es una profesión, es una maldición”. Abdel está ahí para escucharle y animarle. Creo que a los médicos nos hace falta tener menos dificultades para reconocer y confesar los momentos de debilidad.

¿Crees que a los médicos se les debería de dar algún tipo de educación para enfrentarse a los errores y a cómo tratar a los pacientes en esos casos? ¿Hay deficiencias en las facultades a la hora de preparar a los médicos en ese sentido?

TL: En las facultades de medicina en Francia prácticamente no hay formación psicológica, es una formación muy científica, muy cartesiana, y creo que sí, falta una dimensión filosófica en el aprendizaje de la medicina. Luego cada uno por su cuenta va haciendo sus pequeñas investigaciones, pero creo que es una pena, falta algo sí, la parte espiritual…

F: Pero eso es como contradecir al propio Hipócrates, ¿no?

TL: No, porque Hipócrates era un pensador…

F: Pero él se esforzó en separar precisamente la medicina de la filosofía.

TL: Sí, sí, sí… es verdad, esos son los límites del juramento hipocrático (risas).

F: Hay varios momentos en la película en los que los médicos comparten momentos de ocio  dentro del hospital en los que predominan los símbolos sexuales, ¡se comportan incluso como una tribu! ¿Te has servido de algún referente para rodar esas secuencias o los hospitales públicos en Francia son así?

TL: Es la cultura francesa… ¡Es así! (Risas). Es verdad, realmente es así, no me he inventado nada, es exactamente así: las fiestas, el comedor… hay mucha obsesión por el sexo. En esos momentos no hay referencias cinematográficas concretas, son referencias de lo que he vivido. Pero sí hay directores que han sido referentes para mí a la hora de hacer la película, por ejemplo Ken Loach y su comedia británica social… ese tipo de cine está entre las influencias.

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Los franceses han sabido proteger su cine, ¿deberían servir de ejemplo y hacer reflexionar a otros países sobre cómo tratan su cine y su cultura en general?

“El sistema francés de producción tiene sus defectos, pero es evidente que funciona porque producimos 250 películas al año”

TL: Nosotros el problema del 21% del IVA no lo tenemos… El sistema francés tiene inconvenientes y defectos, pero es evidente que funciona porque producimos 250 películas al año, muchísimas, somos el segundo país en producción de películas después de Estados Unidos. Eso permite el nacimiento y la consolidación de grandes cineastas, tenemos uno de los mayores festivales del mundo en Cannes… Pero sobre todo tenemos un sistema increíble mediante el cual de cada entrada de cine, incluso de las grandes películas americanas, hay una tasa que se destina a los productores franceses para hacer películas francesas. Eso permite al cine francés alimentarse incluso de las entradas de las películas extranjeras, así el sistema se automantiene, eso es lo que ha permitido al cine francés sobrevivir. El defecto o problema que tiene el cine francés es que también es víctima de la sociedad del beneficio, de la rentabilidad… Hay una tendencia a realizar cada vez más grandes producciones, películas que cuestan mucho, solo para hacer dinero y no tienen por qué ser buenas películas, y por otro lado hay películas pequeñísimas, muy baratas, pero mucho más exigentes; digamos que hemos perdido ‘las películas del medio’.

¿Tu próximo proyecto girará también en torno a la medicina?

TL: Sí. Ya he rodado la película y la estoy montando actualmente. Es la historia de un médico de pueblo, voilà (risas). Va a una zona en la que ya no hay médicos y se va a ver solo con muchísimos pacientes…

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