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Entrevista a Lara Izagirre, directora de ‘Un otoño sin Berlín’

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“Cuando estudiaba éramos 90 chicas y 10 chicos, mis compañeras lo dejaron porque nadie les dio una oportunidad en el cine”

 

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os humanos somos seres extraños… actuamos muchas veces en contra de nuestros principios, huimos de lo que tememos, evitamos por todos los medios enfrentarnos al dolor y dejamos de reconocernos a nosotros mismos cuando lo hacemos. Lara Izagirre pone a su June en otro punto, en un paso más avanzado: el de aceptación. June vuelve a casa después de un tiempo que no concreta, después de haber pasado por algo que el público intuye, pero que no se explica. Vuelve a casa de Diego, un joven que vive encerrado, que tiene una extraña fobia, que dedica su vida a escribir, a escribir cuentos.

Un otoño sin Berlín es un cuento trufado de realidad, cruda. Es una introspección en toda regla hacia lo más profundo del ser humano, ese ser extraño. Irene Escolar y Tamar Novas protagonizan de una forma magistralmente contenida esta historia de amor -porque sí, en el fondo es una historia de amor, peculiar-, escrita y dirigida por esta joven directora vizcaína.

Esta obra sensible y sencilla es su ópera prima. Ella misma nos habla sobre sus personajes, y sobre lo que hay detrás de esta historia que ataca directamente a los sentimientos que no nos gusta mostrar, los ataca para que se rindan y salgan a la luz, para que los demás, tras la batalla, puedan seguir adelante y dejar atrás el pasado… sin olvidar, eso sí, que siempre formarán parte de él.


Farrucini: Un otoño sin Berlín es una película muy íntima, y normalmente una película íntima suele esconder algo muy personal, ¿es así en este caso? 

Lara Izagirre: Hombre, para mí sí es una peli terapéutica, me ha servido como terapia, no ha sido voluntario pero… sí. Yo he sido una tía muy tirada para adelante, entonces yo lo que hacía era algo así como intentar cambiar la vida de los otros. Me ha costado mucho aceptar a la gente tal y como es y quererlos así. Yo quería que todo el mundo estuviese hecho a mi medida. Entonces eso, en vez de aprenderlo a lo bestia y asumiendo que hay que aceptar a la gente y ya está, pues tuve que hacer una película (risas). Es una película que también habla de las despedidas, no es nada fácil despedirse o cerrar una puerta, es muy complicado. Eso a mí también siempre me ha costado, igual tenía una relación que acababa, pero para mí no acababa, ¿no? Entonces el ver a June, que es capaz de tirar para adelante, de cerrar puertas, a mí me ha ayudado a decir: “pues tú también puedes”.

F: Tú has creado a estos dos personajes tan complejos, plagados de contradicciones, June y Diego… ¿cómo los defiendes? Ante determinadas actitudes el espectador solo puede preguntarse… ¿por qué? ¿por qué hacen eso?

“Me ha costado mucho aceptar a la gente tal y como es. Yo quería que todo el mundo estuviese hecho a mi medida”

LI: Yo no tengo ningún problema en defenderlos. Ninguno de los dos es perfecto. Ella se protege tirando para fuera y él se protege tirando para dentro, pero me parece que los dos sobreviven a las situaciones a las que les ha llevado la vida. Yo no los juzgo, me parecen muy reales, tienen mucha verdad, tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Creo que los dos son muy generosos y muy egoístas a la vez. Según cómo se mire dices, “joé, ¿cómo hace ese gesto?”, pero depende de cómo lo interpretes puede parecerte generoso o egoísta. Siempre los defiendo, pero tengo que escuchar la acusación para hacerlo porque creo que no hay motivo para acusarles….

F: Quizá yo como espectadora sí les he juzgado, y he etiquetado a June como la luz y a Diego como la sombra. Como si fuera una especie de metáfora: la vida es luces y sombras…

LI: Sí, pero… Diego también es el que acoge a June, entonces, vale, es una sombra, pero también tiene su luz. El aceptar a esa chica que vuelve después de tanto tiempo a tu casa y de esa forma -porque él no la está juzgando, la está aceptando-, me parece de  una generosidad muy grande. Yo creo que Diego desde el principio acepta mucho más a June que June a él. En ese sentido creo que la personalidad de June tiene más sombras que la de Diego, porque Diego ha decidido vivir así y ya está. A quién entra en su vida le enseña cómo es su vida y ya está, es muy honesto en ese sentido. June es más luz porque es lo que querríamos, ¿no?, tirar para adelante, que todo fuera perfecto, pero me parece que también tiene su cosas malas, es muy egoísta a veces, tiene muchos problemas de comunicación… Visualmente, efectivamente ella es más luz y él más sombra, pero como personalidad… bueno, él es más oscuro porque es difícil descubrir lo que le está pasando, pero ella también me parece difícil. Yo creo que el truco de la película, que nadie me lo dice porque es como que todo el mundo ha entendido a June, pero yo cuando acabo de verla pienso: “pero si en realidad a la única que no sé lo que le pasa es a June”. Parece mucha luz, pero ella nunca, hasta ese plano final, en el que la ves libre y desahogándose, jamás sabes lo que está sintiendo, puedes intuirlo, pero… Yo creo que los otros, con algún enfado y tal, se dejan llevar más que ella.

F: ¿June también quería que todo el mundo estuviese hecho a su medida?

LI: Sí. Cuando llega claramente. Llega tan tranquila, nada temerosa, sí un poco temeraria… Claro, el ir a casa de su padre y de su hermano, lo que hace y cómo lo hace… como si no hubiese pasado nada.

F: Es más fácil encontrarse con ‘Junes’ por la vida que con ‘Diegos’, ¿te has cruzado con algún Diego, alguien tan solitario, huraño… tan introspectivo en el fondo?

LI: Hombre, con un Diego real como ese no he tenido contacto muy directo, pero no muy lejos de mí sí conozco Diegos así, o peores. De eso me estoy dando cuenta tras las proyecciones, la gente cuando sale me dice: “¿te acuerdas de no sé quién?” “¡Hostia, sí”. “Pues lleva sin salir de casa diez años”. Hay más casos de los que pensamos.

F: ¿Y cómo actuar ante ‘un Diego’?

LI: Pues depende… lo primero aceptarlo, entenderlo al máximo, preguntarse por qué está así. Luego ver si quiere que le ayuden, porque muchas veces estas personas no quieren que las ayudes, están a gusto así con lo que se han creado, entonces igual la cosa es dejarles y ya está. Pero… lo veo complicado, yo no sé qué haría con un Diego de verdad.

F: Se suele tender a la ayuda impuesta…

LI: Claro, pero sin entender de dónde viene el problema. Yo creo que el problema de Diego no es que no salga de casa, son otras cosas. Ahí en la película no entramos, pero de verdad habría que ir a buscar el porqué. No puedes empezar con un: “¡bueno anda, sal!”, quizá sí consigues que salga, pero todo lo demás sigue mal.

F: El hecho de que Diego viva en una casa en la que absolutamente todo es vintage, ¿tiene un doble sentido?

LI: No, yo lo que pensé fue que era la casa de la abuela de Diego. Tampoco le dimos más vueltas (risas). Así él podía vivir allí sin pagar un alquiler ni nada, por eso están esas ropas cuando se disfrazan, son de la abuela…

F: Una que tiene a buscar la metáfora… anclado en el pasado.

LI: Sí… también (risas). Jamás me habría planteado meter a Diego en una casa moderna, para que te hagas una idea… Quería algo que fuera un poco como él, que diera claustrofobia, con muchas cosas.

Un Otoño Sin Berlín_1

F: A Irene Escolar le han dado una mención especial en Donosti por su papel en Un otoño sin Berlín, es el resultado de un trabajo contenido pero intenso. No es una interpretación al uso… ¿Cómo has trabajado con ella el personaje?

LI: Pues hicimos unos ensayos muy teatrales, lo que significa que estuvimos dos meses dale que te pego, justo antes del otoño, reescribiendo el guión con ellos, improvisando cada escena… si no funcionaba algo pues lo cambiábamos. Durante el rodaje igual, si no funcionada una frase parábamos y sacábamos lo que tenía que ser. Ese primer proceso de ensayos hizo que llegáramos al rodaje ya muy tranquilos… bueno, muy tranquilos tampoco porque siempre estás nervioso, pero ya nos conocíamos y la historia de June y Diego ya estaba construida, sobre todo el pasado, porque es un pasado que no ves pero que pesa. El otro día me decían que es ‘pasado-presente’, porque es presente pero se ve todo lo que puede haber detrás. Los tiempos se unen. Después de haber entendido bien a los personajes, de haber hecho ese trabajo ya el trabajo en rodaje era muy sutil. Fue complicado pero ese trabajo previo ha hecho que hayamos llegado a este nivel, porque sin ese trabajo previo yo no le podía decir a Irene cosas rarísimas, del tipo de… “ahora al final… ponle un poquito menos de no se qué y un poquito más de tal” (risas). Como estaba ya construido, se podía pedir un detallito final. Cada toma era sutilmente diferente.

F: Utilizas los cuentos como metáfora, ‘Berlín’ es el título de un cuento de Diego, y June lo que parece querer es vivir en ese cuento… ¿Duele el baño de realidad?

LI: Sí, yo creo que ellos dos en su juventud habían vivido en los cuentos, en imaginarse una vida, pero de una forma muy real. Ella vuelve y por eso en cuanto ve los cuentos se queda a leer ese. Por eso también para ella son importantes los cuentos… Pero lo primero que hace es sacar ese cuento, sacarlo de ‘su mundo’, eso es muy egoísta también. Ella ya no está intentando vivir el cuento, intenta sacarlo y lo manda al exterior. Ahí ya, aunque no lo quiera está a otra cosa. Cuando Diego le dice “nos vamos a Berlín? Podemos estar como en los cuentos”, ella le responde, “no, mejor que en los cuentos”. Ella ya quiere dejar esa fase y tirar para adelante. Él en cambio sigue en esos mundos, porque él está escribiendo todo el día, June es su protagonista, su musa, la tiene en casa, él está en los cuentos y está bien en ellos. Entonces cuando ella intenta sacar los cuentos de ahí y hacerlos realidad -porque ella necesita realidad-, ya no le vale eso, porque se ha dado cuenta de que la vida de verdad, tras la muerte de su madre, es más dura. Quiere saber de verdad lo que está pasando.

F: Tú, como Lara Izagirre, ¿prefieres vivir en un cuento o en la realidad?

“Tuve una relación muy bonita con un escritor y nos escribíamos mucho, todo eran cuentos… pero solo de cuentos no se puede vivir”

LI: ¡En la realidad! (risas). En eso sí que tengo algo de June porque… tuve una relación muy bonita con un escritor y nos escribíamos mucho, todo eran cuentos, y… era una pasada, era mucho mejor que la vida ‘real’, ¿no? Yo decía: “me quedo aquí leyendo esto y, ¿para qué quiero más?”. Pero “para qué quiero más” no te da de comer, estás en otra esfera y te puedes volver loco. Por eso yo entiendo a Diego, entiendo que esté ahí con sus relatos y que esté a gusto, porque los cuentos son lo que tu quieres, son maravillosos, entonces, con un poco de talento, ¿para qué salir a la calle a buscarte la vida? ¿Por qué afrontar lo de tu madre? ¿Para qué afrontar todo lo que está pasando? Yo me vi en una situación que era ya peligrosa, de decir, “a ver Lara, deja ya de vivir en este mundo que te has creado porque no es verdad”. Por eso yo prefiero la realidad, aunque me da pena, porque los cuentos me encantan…. Por eso leo todos los días, porque al menos durante unas horas al día me transformo y vivo otras historias. Pero solo de cuentos no se puede vivir.

F: Hacer una película también es como un cuento, como vivir un sueño… de este cuento personal, ¿cuál es la parte más bonita y cuál la que mas temes?

LI: Lo que más temo es lo que pase tras el estreno (risas). ¡Eso es la realidad! Y lo otro es un poco un cuento con cosas buenas y malas, hacer una película es a la vez una de las mejores cosas que te pueden pasar y una de las más duras. Lo que más temo es que con todas las sensaciones positivas que hemos tenido antes del estreno, que ha sido todo muy bonito, pues que luego no llegue, que nadie vaya a la sala… ese el mayor miedo. Lo demás sí, pues es un cuento de hadas y brujas (risas). Todo sirve… al final los que estamos en esto es porque nos gusta…

F: Son muy pocas las personas, y menos las mujeres que han rodado su primera película antes de los 30, ¿te consideras una privilegiada?

LI: Sí, ¡claro! (risas).

F: Y ahora te pregunto… ¿cómo lo has conseguido? ¡¿Cuál es el truco?!

LI: El truco ninguno… (risas). Sí, es muy difícil. Yo creo que en el País Vasco igual soy la primera tan joven en hacer nunca una película, y pensar en eso es fuerte… A ver, no tenemos todos los datos, igual ha habido alguien antes que yo, pero sí al menos soy una de las primeras. Entonces es un privilegio, sí, y espero ser ejemplo, porque no quiero que esto sea un privilegio sino que sea algo igual de posible para mujeres y hombres. Es verdad que lo tenemos tan difícil… Este año de entre las óperas primas que hay, cuatro están dirigidas por mujeres… Es muy complicado… No sé cómo se consigue, quizá siendo muy perseverante, trabajando el doble que el de al lao… y siendo muy cabezona, y confiando. Yo a las jovencitas y así que conozco del pueblo que están estudiando cine, les digo: “que nadie os diga si lo podéis hacer o no, que nadie os lo diga”, porque es fácil decirles, “no, tú ve a otra cosa, más a producción…”, es muy fácil apartar a las mujeres, porque no tenemos esa seguridad, porque la sociedad no confía en nosotras para ser directoras en ningún sitio. Una mujer directora, en una empresa, o en una película, que al final es como una empresa, tiene que demostrar más su valía, porque se piensa que eso está hecho para los hombres. Yo siempre digo: “que nadie decida por ti cuál es tu sitio”. Yo eso lo he tenido claro, yo decidí ser directora y viendo a mis compañeros hombres mientras estudiaba decía: “si ellos lo pueden hacer yo también”. No hay nada que justifique lo que está pasando, nada.

F: Ocurre una cosa curiosa, en las escuelas de artes audiovisuales hay un gran porcentaje de mujeres, pero…

LI: En mi clase éramos 90 chicas y 10 chicos… Para mí es muy bestia, joé, todas esas compañeras que lo han dejado porque nadie les ha dado una oportunidad… Porque a los hombres les dan oportunidades con mayor facilidad y con la mitad de cualificación, y sin necesidad de demostrar nada.

F: ¿Crees que en las escuelas enseñan bien a uno a ser director? Me refiero a la psicología. En muchos es algo innato y en otros por mucho que lo intenten… imposible.

LI: Creo que te enseñan algunas cosas, pero se aprende haciendo, se aprende mucho confiando en el instinto, y viendo mucho cine. Mucho cine todo el rato. Teniendo a la gente que te gusta como referentes, siguiéndoles, intentando entender por qué ellos hacen así las cosas.

F: ¿Y cuáles son esos referentes a los que sigues tú?

LI: Me gusta mucho Andrea Arnold, Chantal Akerman que ha muerto hace poquito… Sofia Coppola… Hay cosas que me gustan de ellas, pero no han sido referentes para hacer Un otoño sin Berlín, son referentes de la vida. Se han construido una carrera interesante y encima con una identidad. Hombre, al final todo esto, si tú ves todas las pelis de estas directoras pues verás cosas en mi película de ellas, pero si lo he hecho ha sido de forma inconsciente. Porque al final siempre acabas haciendo lo que te gusta…

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