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Entrevista a Jonás Trueba, director de ‘Los exiliados románticos’

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“El romanticismo es un ideal inalcanzable, pero me dirige en cierta forma, no tanto para hacer de la vida arte, como para hacer del arte la vida”

 

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o sé quién dijo una vez que la literatura no es poesía… Jonás Trueba asegura que viene de la literatura, la forma y el fondo de sus películas beben de ella, pero es evidente que, al menos en el fondo, tienen también un componente poético. Pero no es poesía. O es poesía sin florituras, sin mensajes encriptados. Es honesto. Fiel a esto, con su tercer largometraje ha vuelto a conquistar a los románticos, a quienes hace un guiño en su título y en sus conversaciones.

Jonás propone un viaje para todo aquel que esté deseoso de coger una furgoneta junto a buenos amigos y tirar millas, y cruzar fronteras sin otra meta que la de hablar de lo intrascendente, de lo efímero, de lo que en definitiva compone el día a día. Sugiere amenizar el trayecto con la música de Tulsa para conseguir, quizá, una reflexión, para conseguir, quizá, que lo intrascendente y lo efímero permanezca en el recuerdo como una buena sensación que se torna eterna. Esta es la lectura que puedo hacer de Los exiliados románticos, otros harán otras.

Otros buscan referencias… Poco le falta a Jonás para que incluyan su nombre entre los dignos sucesores de la Nouvelle Vague -qué dirán entonces los jóvenes cineastas franceses-, sin embargo no es tan fácil encontrar ecos del pasado -bueno vale, sí, la furgo es vintage, pero lo vintage es mainstream, ¿no?-. No es tan fácil porque Los exiliados románticos es una película sencilla, evidentemente contemporánea, actual. Es un homenaje a la juventud, a la juventud actual, a la inconformista, a la idealista. Sí, existe esa juventud. Por eso prefiero no nombrar a Godard, ni a Truffaut… ¿Y a Rohmer?


Farrucini: Bueno, pues si quieres empezamos hablando de Rohmer…

Jonás Trueba: ¿De Rohmer? ¿En serio?

Farrucini: No hombre, es coña.

Jonás Trueba: (Risas)

Farrucini: Voy a evitar la pregunta….

Jonás Trueba: El otro día me mandó mi tío un texto que había escrito una periodista catalana de toda la vida, Nuria Vidal, que decía: “he oído a muchos que decían que esta película es muy Rohmer, pues yo creo que no”. Y explicaba por qué, muy bien argumentado, porque, claro, se dice tan a la ligera lo de Rohmer, que sí te puede encantar, te puede incluso halagar mucho, pero al mismo tiempo…. sabes que es un comentario que en realidad no se sostiene. Me hizo gracia que esta mujer se dedicara a explicar cuáles eran las diferencias, por qué no tiene nada que ver. Me gustó mucho.

F: Los exiliados románticos es una película súper alegre, pero también muy melancólica. A lo mejor he percibido eso porque estoy en la edad de los personajes yo también…

JT: No, es que todo lo alegre tiene algo triste.

F: ¿Es tu intención evidenciar que esto es el final de algo? Parece que fuera el último viaje de ese grupo de amigos.

JT: Es verdad que tiene algo que puede parecer eso, incluso en la propia sinopsis que he escrito yo lo parece, soy culpable. Pero esto son supuestos, algunos podrían decir que se trata de quemar las últimas naves de la juventud, porque yo ya advertía que la película iba a tener esa lectura, pero en la sinopsis lo poníamos casi como irónicamente, pero la realidad es que cuanto más lo pienso más me convenzo de que en realidad es una película que podría funcionar igual con personajes de cincuenta o de ochenta años. De verdad lo pienso. Lo que pasa es que yo por pereza, seguramente por falta de imaginación, hasta ahora me suelo limitar a hacer películas de personajes que más o menos suelen tener mi edad porque es más cómodo, tengo que pensar menos (risas), y luego porque muchas veces trabajas con tus amigos… Todo eso le da esa lectura que es lógica, entiendo que no sale de la nada. Pero es lo que decías, yo quería hacer una película alegre sobre la amistad, sobre mis amigos, y seguramente todas las cosas alegres encierran algo que, como dice la canción de Tulsa, acaba “como acaba todo lo que tiene esa posibilidad”. Es decir, todo tiene ese componente, o como el famoso verso de Moraes que dice: “la tristeza no tiene fin y la felicidad sí”. Eso está en nuestro inconsciente, eso lo ponemos nosotros. Un amigo mío vio la película y cuando acabó me dijo: “joder, qué triste”. Y yo: “pero, ¿en serio?”. Y claro, es porque hizo una lectura en clave de que todo lo bueno se acababa. Pero la vocación de la película es ser alegre y no quería que hubiera nada dramático ni nada triste en ella.

F: Con lo cuál no es el final de una etapa para ti.

JT: Para mí no. De hecho para mí continúa… Por eso me esforcé mucho por ejemplo en encontrar un lago en medio de una carretera, en el contra plano en el que están ellas mirando se ve que pasan coches, se han detenido ahí un rato pero para mí van a seguir. Y de hecho no siguen porque no da el presupuesto de la película (risas), ya sería como irse muy lejos.

LOS EXILIADOS ROMÁNTICOS_2

F: O sea que tampoco es una invitación a tomar decisiones. Hay frases en la película que parecen decir: “bueno ya está, madura tío”.

JT: Ya… es verdad. De todo a lo que a uno le acusan siempre es culpable. Es verdad que hay una frase en la película, pero que no es mía, como muchas otras frases, la que dice Luis, que no va a acabar la tesis porque supone empezar a tomar decisiones, es una frase de él. Me la propuso él y me pareció bien porque pensé que ese personaje podía decirlo. Ahora, yo creo que es importante diferenciar siempre entre el personaje y el autor que está detrás. En la película hay muchas cosas que se dicen que yo no tengo por qué pensar así exactamente, ellos mismos, los personajes, se pueden confundir. Ellos están en su particular, como lo puedo estar yo, experiencia personal vital de los treinta y pocos, donde se acercan cuestiones que antes no tenías, de acabar cosas, o empezar otras, como podría ser formar una familia. Eso está ahí digamos, pero creo que es importante tener claro que… yo estoy en contra de parcelar la vida, cosa que se hace mucho, es como: de tal edad a tal edad se hacen estas cosas, de tal edad a tal se hacen estas otras, y no puedes hacer esas porque inmediatamente serás acusado de o viejo prematuro o de inmaduro. Me resisto un poco a eso. Lo que hace esta gente me parece que debería de ser propio de cualquier edad.

F: Dices que es importante diferenciar entre personaje y persona, pero es verdad que siempre, en cada película que haces, el público tiende a identificar a tus personajes contigo.

JT: ¡Y mira que en ésta me he desdoblado en tres para evitar eso! (risas)

F: Pues ni con esas.

“El arte que me interesa es un arte que habla desde lo personal, desde una cierta intimidad, algo que se comparte, que puede ser de uno mismo, de lo que le rodea…”

JT: (Risas)

F: No sé si te da pudor, si hay parte de verdad… si en realidad te gusta que la gente piense que eres así.

JT: No… no me gusta porque muchas veces el retrato que he hecho de los personajes masculinos no ha sido precisamente halagador…

F: Pero si son muy tiernos…

JT: Sí… o sea, yo me identifico con mis películas y por supuesto que tienen de mí, negarlo sería absurdo y además creo que el arte que me interesa es un arte que habla desde lo personal, desde una cierta intimidad, desde algo que se comparte, que puede ser de uno mismo, que puede ser de lo que le rodea, lo que ve, lo que piensa… o de las cosas que le producen dudas. Me parece que es lo más humilde en el fondo, hablas desde lo que conoces aspirando a que eso sea luego extensible a los demás. Me parecen menos humildes aquellos que hablan de: “no, yo hago películas para la gente, pensando en la gente”. Me parece una arrogancia bastante fuerte. Entonces sí, hay algo ahí, mío, en esta película… aunque no hemos hecho tanto películas autobiográficas, como autobiográficas a posteriori, porque al final pasa que te sucede lo que tú quieres que te suceda a través de la película. Hay por supuesto mucho de mí inicialmente pero hay mucho también de la gente que trabaja en ella y de los actores en concreto hay muchísimo, porque además yo les hago trabajar de una manera en la que se ven obligados a poner mucho de sí mismos y a verse a sí mismos como personajes. Eso es algo en lo que les insisto mucho y que no creo todos los actores te lo vayan a dar, y si tienes la suerte de contar con actores que además son amigos, que conoces bien y que ellos te conocen, entonces hay como un pacto muy profundo.

F: Precisamente…tú dices que trabajaste sobre un plan de rodaje, el guión se hizo ‘sobre la marcha’, pero… esos monólogos, ¡no me creo que no estén ensayados! Es una exigencia tremenda para el actor.

JT: Claro, claro…

F: ¿Cuánto tiempo les das para memorizarlo?

JT: Poquísimo. Lo que no hay es improvisación por supuesto, y todo lo que se dice está pactado. Lo que sí que hay, en concreto en esta película por una cuestión de los idiomas, dos textos, solo dos, que tuve que escribir, por una cuestión de traducción y tal. Lo demás era sobre la marcha, literalmente, lo que hay es esta idea de pactar también con ellos de decirlo más o menos de determinada manera, lo dicen más o menos con mis palabras, a veces agregan las suyas propias, y bueno lo vamos haciendo, con un margen de error considerable, más que un margen de error, con un margen de imprecisión o de volatilidad grande, de tal forma que cuando repetimos las tomas, que repetimos poco, son muy distintas. Eso también es muy bonito, te hace estar como en una especie de alerta especial.

F: Me imagino, concretamente a Francesco (Carril) y a Vito (Sanz), sufriendo…

JT: Sufriendo… (risas). Sí, hombre lo que pasa es que son muy buenos. También aceptan eso porque les gusta ese punto vertiginoso y camicace de coger un texto y vale, sí, hacerse a la idea, hablarlo mucho, pensar en esa situación… Luego también ellos saben que por mi parte hay una exigencia que no va tanto en la fidelidad a un texto como de tono, de costumbre, de espíritu, de cómo estar, del gesto más que de las palabras. Yo creo que ya saben que pueden tomarse ciertas licencias.

Y esto dices que no lo podrías hacer con cualquier actor.

JT: Absolutamente no. Es para connaisseurs, pero en el sentido de que te conocen, para actores que tengan mucha confianza en ti y tú en ellos, y la confianza se genera desde el conocimiento. O cuando incluso…. Por ejemplo Renata (Antonante), que no me conocía mucho, generó una extraña confianza hacia mí, en parte porque yo se la daba a ella. Y ella me decía: “pero por qué quieres contar conmigo para esta película si no nos conocemos tanto y no me has visto ni siquiera actuar”. Y yo le decía: “es verdad, no te preocupes”. “¿Pero no me quieres hacer una prueba?”. Y yo: “no, no”. Había estado con ella dos días en Toulouse unos meses atrás charlando mucho y ahí como que… pues como cuando alguien te conquista, te enamora. Siempre con los actores hay un punto de querer saber de ellos, pero al mismo tiempo también de no querer saber para ir descubriéndolos en una película. Hay una cosa que me parece fundamental, que creo que decía Bergman, que a los actores hay que tratar de devolverles una imagen de sí mismos que ellos desconozcan. Es interesante porque a veces les haces trabajar muy pegados a sí mismos pero luego ellos se ven y están como: “¡hostia!”. Hay una mezcla… de gente que conoces mucho, con la que hay mucha confianza, pero luego también es bonito trabajar con gente que vas a conocer porque te apetece conocer. Me ha pasado siempre, en todas las películas que he hecho siempre ha habido una mezcla de actores que conozco muchísimo, que pertenecen a mi vida diaria y cotidiana, mezclados con actores que estoy conociendo a través de la película.

F: Y ninguno ha defraudado, imagino.

“Hay una cosa que me parece fundamental, que creo que decía Bergman: a los actores hay que tratar de devolverles una imagen de sí mismos que ellos desconozcan”

JT: No, la verdad…

F: Tienes buen ojo.

JT: Más que buen ojo… todo se basa en realidad en que la persona te guste porque o la quieres porque la conoces mucho, o es que te ha generado una simpatía, una fascinación o un misterio que es real, con lo cual al final la manera de trabajar está hecha desde un lugar que es puro.

LOS EXILIADOS ROMÁNTICOS_3

F: Tú das clases en una escuela de cine, un lugar en el que se enseñan formalidades, entonces, ¿cómo explicar a tus alumnos lo que has hecho?

JT: Evito hablar de mí mismo, no soy de esos profesores que van a contar sus batallas, que es lo que creo que más abunda en general en la enseñanza cinematográfica. Precisamente ha sido así: viene un profesional, X, muy bueno, y cuenta cómo hace sus cosas. Yo creo que eso tiene poco desarrollo, incluso aunque fueras Steven Spielberg no da para tanto, creo yo. Entonces, yo la verdad es que no hablo de mí en mis clases, primero porque me da vergüenza, no me parece que yo tenga interés para ellos y no están ahí para eso, sino para aprender otras cosas. Luego también es verdad que a lo mejor no les hablo de lo que quieren que les hable, pero intentas siempre -depende de con quién te encuentres, en cada curso se genera una organicidad, se generan unas cosas-, no hacer nunca la misma clase…. Pero ni me considero profesor ni lo pretendo. Para mí es como una forma de seguir haciendo cine: hablándolo, transmitiéndolo, intentando contagiar cierta pasión, porque a veces te sorprende la falta de pasión que te encuentras en bastantes alumnos…. o más que falta de pasión -porque siempre hay ganas entre la gente que hay ahí, por algo está ahí-, a veces hay como una especie de cerrazón, o de… -estoy generalizando por supuesto-, como de querer que les digas una fórmula, de cómo se hace algo y… yo no tengo ni puta idea. A veces hay momentos chocantes. Lo que más peleo con los alumnos es que estén más abiertos, que entiendan que el cine suele ser más amplio de lo que ellos creen, volcarme más en el cine que no ven y no tanto en el que ya han visto, cubrir una cierta laguna y sobre todo ampliar su campo de batalla, de pensamiento, de imaginario, porque luego creo que al final depende de ellos, pero cuanto más tengan, más se abran al mundo y a sí mismos, más interesante va a ser lo que hagan.

F: Es verdad que ante cualquier ámbito,  para el aprendizaje, si uno mismo no está interesado, no va a calar nada por mucho que alguien intente enseñarlo…

JT: Yo creo que no existe cineasta o artista en general que digas, jo, es un genio porque estuvo en tal escuela. Eso no ha sucedido nunca. Si es un tío interesante o genial es porque tenía algo interesante o genial y luego habrá tenido suerte de encontrarse con gente, con un profe o con una persona en concreto que le ha resultado importante, que nos pasa a todos eso…

F: Entonces, qué es lo que nunca debería de faltar… qué le dirías a tus alumnos que nunca puede faltar. Pueden ser libres pero habrá algo esencial.

JT: La libertad no existe en general así… siempre está constreñida y más en el cine, en el arte en general,  pero parte de la belleza del arte es eso, su limitación. En cada disciplina artística trabajas desde la limitación, eso es lo bonito. Y luego, yo creo que lo esencial es una cierta pasión, yo creo que tiene mucho que ver con la transmisión de algo que quieres contar, de una sensación que quieres compartir… Si ellos no tienen esa capacidad de transmisión, de contagiar, de hacerse entender, pues lo veo difícil.

F: ¿Qué tienen las letras de Tulsa?

JT: Pues… tienen muchas cosas que me gustan. Me parece que hay poca gente que escriba tan bien canciones como Miren Iza. Creo que tiene algo que va a muerte. A mí una cosa que me gusta de ella es que no especula, no son canciones ‘monas’, son canciones que le salen, que de alguna manera ves que han estado dentro de ella, que las ha habitado. No sé, es muy poderosa. Luego también la manera que tiene de, no solo de lo que dice sino el cómo lo dice, es lo que muchas veces importa, que es muy loco… La verdad es que la admiro mucho.

F: Su música guía la película. ¿Cómo plasmar algo tan íntimo, tan subjetivo como son las letras de Tulsa en imágenes? ¿Y más sobre la marcha?

JT: Es difícil… Luego yo mismo lo pienso, había canciones de ella que estaban antes y que están en la película casi sin que yo me diera cuenta, pero de Oda al amor efímero… es difícil hacer una traslación de todo eso a la película. La película está hecha con cuatro brochazos, es una película de, bueno, más que de brochazos, de pincelada ligera, pero las canciones de Miren están más cinceladas como en piedra. Lo más profundo que tiene la película son sus canciones, de hecho son las partes más densas, donde la película se detiene y se piensa a sí misma, se reflexiona…. Es en los momentos en los que aparece ella y canta. Me gusta, creo que la película con ella gana un espesor y ella con la película también gana una ligereza, se contagia. Incluso luego la banda sonora que ha hecho depende de una sonoridad, de una cosa que yo creo que ella no había tenido antes en sus discos, porque de repente vivió el viaje y entendió que había algo ahí, que la película tiene una forma de ser, entendió que no podía haber una música demasiado determinada u orquestada, o demasiado elaborada, tenía que tener algo un poco casi de juguete.

F: ¿Cómo deseas que se interpreten esos momentos de parón en los que ella canta?

“No existe cineasta que digas es un genio porque estuvo en tal escuela. Si es un tío interesante o genial es porque tenía algo interesante o genial, luego habrá tenido suerte”

JT: Me han dicho todo tipo de interpretaciones, más o menos van todas en la misma línea, me gustan todas, pero ni yo mismo lo quería definir… Ella me decía: “¿pero entonces yo qué coño hago aquí, qué soy?”. Y yo. “¡Yo qué se! Estás aquí y ya está!” (risas). Está ese enigma…

F: Ya que estás te grabamos unos planos, sin más…

JT: Sí, sí, había algo muy así (risas), muy caprichoso. Pero creo que ella luego se fue apoderando de la película poco a poco. No era mi intención tan clara al principio, pero fue estando y yo me iba apoyando en ella y ahora no puedo pensar en la película sin ella, no la podría disociar. Lo que signifique no importa tanto, lo que importa es que esté ahí, que transmita y que pertenezca a la película de una manera real, verdadera, no como si estuviese puesta ahí después, sino que esté dentro. Para mí actúa un poco como de demiurgo, como voz, como… una especie de presencia que mueve los hilos.

F: Te has planteado rodar de un modo más poético, te gustaría probar a cincelar las imágenes como hace Miren con sus letras?

JT: Ojalá… me encantaría. Me hustaría mucho. Fíjate que yo me empeño en decir que el cine no es solo contar una historia ni mucho menos, sino que el cine al final tiene que ver con la poesía, con la música, al final también es ritmo, es melodía, sonidos, son texturas, colores… Yo creo que esta película, cuando le gusta a alguien no creo que sea por la historia que le han contado, yo creo que es más por una suma de esas cosas, que a su vez son sensaciones. Pero bueno, también es una historia… Hay toda una corriente de un cine que es más apegado a una cuestión más sensorial, más de traslación poética que yo no practico, yo me considero más clásico, yo creo que soy narrativo por naturaleza, precisamente me quito de tener el guión escrito y encuadernado últimamente porque en realidad vengo muy de ahí. También tengo la facilidad de poder trabajar con eso en la cabeza pero sin tenerlo tan fijado y no me viene mal, porque si no tendería demasiado a cerrarme. Es un intento de trabajar desde donde se conoce pero saliendo de la tendencia… Pero no creo que yo llegase a hacer un cine puramente poético, o más que poético, desatendido de la narración de las historias. Creo que me resultaría muy forzado, muy antinatural, así como hay otros cineastas a los que les pasa lo contrario, que a veces vienen más del arte, del videoarte, hacen un cine que sale de ahí,  yo vengo de la literatura, entonces es mi tendencia.

F: Además de venir de ahí, en tus películas hay mucha literatura, literalmente, pero la parte que le toca a la música llama más la atención. En Los ilusos metiste un concierto de El hijo, aquí está Tulsa, en Todas las canciones hablan de mí, el título lo dice todo… ¿Quieres que ese sea tu sello? ¿Quieres incorporarlo en todas tus películas?

JT: No… lo malo es que digan… “¡Joé ya está otra vez!” (risas). Bueno, en general en las películas que he hecho hasta ahora coinciden cosas que me gustan, que me interesan, entonces acaban estando porque de nuevo es tu tendencia, es tu manera de ser… Las películas para mí tienen que ver como con una sobremesa, con un espacio donde compartes las pasiones, al final una película es una oportunidad maravillosa que tienes de compartir lo que te gusta. Acaba formando parte pues todo esto. No es una premeditación o un sello que quiera mantener, aunque creo en el la vida, en esa búsqueda que tiene el cine de parecerse a la vida, pues si en mi vida esos momentos musicales han sido a veces los más emocionantes y difícilmente descriptibles –aunque habituales y cotidianos, ya sea cuando vas a un concierto, ya sea cuando en tu casa escuchas una canción-, pues es normal que acaben estando en la película porque son experiencias vitales fuertes para mí.

F: ¿No quieres volver a trabajar sobre guión?

JT: Sí, sí… Creo que siempre trabajo sobre guión aunque sea mental. Esta película en el fondo tiene un guión mental…

F: Pero me refiero a algo que ayude a actores y al equipo a tener un conocimiento previo de todo…

JT: Sí, seguramente volveré. Me gusta escribir. Yo creo que cada película hay que hacerla como pienses que es mejor o como más te apetezca o te resulte más divertido en ese momento. Es posible que pasado mañana diga: “pues ahora te voy a escribir un guión de 300 páginas, con una estructura férrea y una construcción muy concreta”. Seguro que eso me va a apetecer porque me gusta.

F: ¿Tienes algo en mente ya?

JT: Sí. Tengo bastantes cosas en mente. Últimamente no paro mucho, me gustaría pararme por un lado, pero no precisamente de hacer una películas sino de otros líos en los que me voy metiendo que son necesarios, o que sabes que no puedes decir que no… La cosa se va complicando porque al final relego las películas que hago casi a mis periodos vacacionales, a mis momentos de descanso, y de hecho me las tomo como un descanso. Estoy ya ahí medio con una cosa que espero rodar en enero, a ver cómo lo hago.

F: ¿Será esta vez una oda al amor eterno?

JT: Una oda al amor… ¡pues sí! Lo has clavado.

LOS EXILIADOS ROMÁNTICOS_1

F: El ser -entendido como individuo- romántico, ¿nace o se hace?

JT: Pues…

F: Los hay que nacen y luego se quedan en gañanes románticos…

JT: Claro… es una pregunta que es complicado contestar porque tiene que ver en realidad con hasta qué punto somos productos de nosotros mismos, de nuestra cultura, de los chispazos o encuentros que hemos tenido, que yo creo que en gran parte sí, somos como somos por los azares, por ciertas decisiones, por ciertas amistades y experiencias, pero también es verdad que quizá, más de lo que nos gustaría, somos como somos por una cuestión genética, que viene de nacimiento, está en el cerebro, y eso es así, científicamente está demostrado que es así. Y de hecho da terror, porque uno siempre prefiere que la humanidad no dependa de algo predeterminado sino de la cultura, de la formación.

F: Yo nací disléxica y tengo que asumirlo…

JT: Sí, claro, yo soy muy disléxico también.

F: Dicen que somos más creativos. Que estamos condenados a serlo.

JT: Pues sí, es verdad… los disléxicos suelen tener eso.

F: Hablando de genética VS circunstancias… ¿Tú crees que si no hubieses crecido en un entorno como el que has tenido, te habría salido la vena artística?

“Uno siempre prefiere que la humanidad no dependa de algo predeterminado sino de la cultura, de la formación”

JT: No lo tengo muy claro. No lo puedo saber, pero probablemente no. Probablemente sería distinto, no digo ni que mejor ni que peor, pero desde luego que uno es afectado por su entorno. Aunque… mi padre mismamente, no creció en el entorno en el que yo he crecido, creció en un entorno muy distinto y mira. Su padre, mi abuelo, era policía y mi abuela era ama de casa… Pero al final, ¿qué fue determinante para él? Pues probablemente que su hermano mayor en un momento dado trajo unos libros y unos discos a casa, le contó cuatro o cinco cosas que a él le pusieron en un disparadero de otras. Probablemente ese hermano mayor, a su vez, pues tuvo un encuentro con no sé quién, que tal… A lo mejor el encuentro fue que tal día se topó con una canción que le sonó en la cabeza, entonces empezó a escuchar eso, luego fue a un concierto de no sé quién, entonces conoció a no sé cuál… Es decir, creo que siempre hay un juego, y bueno, cuando hacemos el ejercicio de pensarnos en otra vida, en otra cosa, te da vértigo porque eres consciente de hasta qué punto hay una serie de cuestiones, encuentros que te han conformado y que muchas veces no han dependido de ti.

F: ¿Y te has parado a pensar concretamente en eso… en qué podrías haber sido?

JT: No, no lo he pensado mucho. Soy consciente de que, humildemente, soy así no por mí. Hombre, luego uno intenta ser dueño de sí mismo y tomar sus decisiones y hacer tal, pero hay que ser modesto y saber que hay mucho que no depende de ti.

F: ¿Qué propondrías para que los románticos no quisiesen o no tuviesen que exiliarse?

JT: Es que claro… ¿qué entendemos por romántico? Es un tema, porque es verdad que se asocia mucho a un tópico, como a alguien enamoradizo, pero yo no lo veo exactamente así, el romántico en el sentido originario y se supone que puro, era algo así como ‘aquel que conseguía o pretendía hacer de su vida una obra de arte’. O dicho de una manera más cotidiana aquel que no diferenciaba entre la vida y el arte. No considero que esa idea del personaje romántico deba exiliarse. Es verdad que es una meta difícil, yo creo que poca gente vive en ese estado, sin diferenciar una cosa de la otra. Es una minoría, es casi un ideal. Creo que el romanticismo es algo un poco inalcanzable.

F: Pero los románticos tienden a querer exiliarse, por sentirse precisamente minoría,  ‘fuera de onda’.

JT: Bueno, hubo un momento en el que casi dominaron el mundo… El movimiento romántico fue muy importante en Europa y se instaló, en cierta forma y de alguna manera sigue y cala en muchas cosas. Hay muchas cosas que tienen que ver con el Romanticismo, algunas buenas y otras malas. Igual que el otro gran movimiento europeo que le precede que es la Ilustración, son movimientos que aunque parezca que se han perdido constituyen la esencia del europeo. Incluso los nacionalismos, o ciertos apegos, para mi gusto horribles, son románticos.

F: En el sentido de querer pretender que la vida sea una obra de arte, ¿te consideras romántico?

JT: Me considero idealista. Ese ideal me interesa. Es un ideal inalcanzable pero que me dirige en cierta forma, no tanto para hacer de la vida una obra de arte, como de esa idea de mezclarlo todo, o hacer del arte la vida. Lo veo más así, creo que es menos pretencioso y más apegado al suelo: hacer del arte la vida, que la rutina, el día a día o ciertas cosas que a veces consideramos menores sean bellas, o adjetivables como lo es el arte.

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