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Entrevista a Joël Vanhoebrouck, director de Brasserie Romantic

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“Los belgas estamos por fin descubriendo nuestro cine y nos atrevemos a hablar, pero también somos realistas”

 

De vez en cuando, por suerte cada vez con más asiduidad, llegan a España historias bonitas, de industrias diferentes, pero no tan lejanas como pensamos. Una de las últimas: Brasserie Romantic, primer largometraje en solitario del director Joël Vanhoebrouck. Ha venido de visita a España para recordarnos que el cine belga no termina en los hermanos Dardenne –no, no son franceses-, y de paso para promocionar esta película que en Bélgica el público pudo ver por primera vez a finales de 2012.

Aunque haya tardado varios años en venir, no ha elegido una fecha al azar… Estuvo aquí por San Valentín para ofrecernos un menú romántico y complejo, con múltiples ingredientes, de sabores contrapuestos. Brasserie Romantic comienza con una disyuntiva curiosa para el público y para  el personaje principal, Pascaline (Sara de Roo): en apenas un par de horas tiene que elegir entre sobrevivir con lo que tiene o revivir junto a un amor de juventud, y se lo tiene que pensar sin desatender su restaurante, repleto de personajes entrañables, hasta la bandera en una noche que siempre promete ser especial. He aquí una propuesta digestiva para los que se hayan empachado el 14 de febrero.


 

Farrucini: Todos los personajes que pasan por Brasserie Romantic tienen que tomar una decisión vital en una sola noche, ¿por qué decides que sea en San Valentín y en un restaurante? ¿Tienes algo en contra de San Valentín o de las cenas románticas?

Joël Vanhoebrouck: No tengo nada personal contra San Valentín (risas), pero sí fue una buena excusa para intentar hacer una película sobre relaciones de pareja ambientada en un solo lugar; al guionista, Jean-Claude Van Rijckeghem, y a mí nos fascinaba esta idea: contar multitud de historias sobre distintos personajes. El reto aquí era juntar esas distintas historias sobre distintas parejas y encajarlas en tan solo una hora y media. Todas las películas tienen un conflicto, alguien cambia de opinión y ese alguien al principio de la historia ya no es el mismo que al final; aquí tocaba hacerlo con varios personajes, y… ¡cuántas cosas pueden pasar en una noche así! En realidad ha sido bastante fácil porque San Valentín es la que se supone debe ser ‘la noche perfecta’, hay grandes expectativas pero muchas veces –y esto son algunas de las anécdotas que nos contaron los responsables de algunos restaurantes-, no es así. Dicen que San Valentín es la noche más difícil para los restaurantes porque ¡las expectativas son tan altas! Hemos utilizado situaciones de la vida real, pero hemos escuchado situaciones incluso aún más duras que no hemos incluido al final en la película. En fin, no tengo nada en contra de San Valentín, pero para mí no es… bueno, simplemente creo que nadie debería decirte cuándo tienes que celebrar el amor.

F: Son muchas situaciones sí, y todas ponen a los personajes entre la espada y la pared, ¿te has visto en alguna parecida a las que muestras en la película?

JV: No… yo personalmente no me he visto en esas situaciones, al menos de manera tan dramática como se retrata en la película (risas). Pero sí que he buscado entre mis experiencias con el amor para rodar cada una de las historias, en cosas que me han pasado, para poder identificarme con estas situaciones y también para poder dirigir a los actores, porque cuando uno hace una película la hace para que el público pueda identificarse con los personajes. Incluso aunque un personaje sea ‘malvado’, a ti como director te tiene que gustar ese personaje para que resulte lo más creíble posible. Sí lo he relacionado con mis propias experiencias, también el guionista lo ha hecho, y… sí que he experimentado quizá alguna historia dramática, pero no como las de la película. No, no, afortunadamente yo no me he visto en tales situaciones (risas).

F: Me gusta poner a los directores en la situación que ponen a sus personajes, y tras ver Brasserie Romantic es casi una obligación preguntarte: ¿qué harías tú si te planteasen una disyuntiva como la que plantean a la protagonista?

“La cultura flamenca se ha consolidado sola, ya no tiene a los Países Bajos como referencia y tampoco a Francia”

JV: No lo sé… Es verdad que hablamos mucho sobre esto con Sara de Roo para poder desempeñar bien el papel y para poder ‘creer’ en la opción que ella elige. Todos decían: “¿qué haría yo en esa situación?”. Yo mismo intentaba convencerme de que la que ella elige es la opción que hay que tomar en un momento así, porque en realidad se está sintiendo empujada. Si su hermano (Axel Daeseleire) actuase de otra manera las cosas serían distintas. Esa es una de las cosas más fascinantes de la película, que al final todo el mundo es culpable de todo, nadie se libra, nadie es mejor que nadie, cada una de las cosas que dicen los personajes tiene su repercusión en los otros. Así que… no sé, no sé… Igual hubiese tomado la misma decisión. Yo creo que es la inteligente, la acertada (risas).

F: Es tu primer largometraje en solitario, ¿por qué decides empezar con Brasserie Romantic?

JV: Bueno, yo no escribí la historia, el guionista -que es también el productor-, me propuso hacer la película, fue la primera persona que me propuso hacer un largometraje. Tuve que leerlo, tuve que prestar mucha atención a la historia y después me di cuenta de que era la oportunidad perfecta para hacer lo que me gusta hacer como director, es decir, trabajar con actores. Esta película tenía todos los ingredientes para poder explorar ese lado del director, trabajar de cerca con los artistas, ensayar, intentar presentar personajes creíbles. Antes había hecho un programa de televisión bastante popular en Bélgica sobre dos mujeres y fue tan bien acogido que quería explorar más el tema trabajando con personajes femeninos fuertes.

Brasserie foto 2

F: Fuertes y cercanos además… Por el sur de Europa nos creemos que a medida que vamos subiendo, además de enfriarse el clima, se enfría el carácter, pero basta con ver Brasserie Romantic para comprobar que no. Para los que como yo están un poquito confundidos, ¿cómo describirías la personalidad belga?

JV: Creo que… somos un pueblo muy modesto, no somos nada pretenciosos porque siempre hemos sido uno de los países más pequeños de Europa, entonces el resto de países nos han manejado a su antojo. Yo recuerdo cuando era más joven, siempre pensábamos que el resto de países eran mejores, que el cine de fuera, por ejemplo de Francia, de Alemania, de gran Bretaña, de España, era mucho mejor que el nuestro. Pero ahora el viento sopla en otra dirección. No es que ahora nos sintamos ‘los mejores’, pero estamos por fin descubriéndonos y nos atrevemos a hablar, pero también somos realistas, como pueblo belga nunca intentamos dar demasiados ‘grandes pasos’, vamos pasito a pasito, procedemos con cautela. Yo creo que eso sería una buena definición de nosotros.

F: Francia siempre está en boca de cualquier cineasta, aquí en España su industria se mira como referente, incluso con envidia. ¿En Bélgica ocurre lo mismo?

JV: (Lo dice en castellano) “Es una situación muy complicada” (risas).

F: ¡Qué sorpresa!

JV: En Bélgica tenemos dos culturas: la cultura flamenca y la francófona. La francófona suele ser ‘la hermana pequeña’ de Francia y la flamenca es una cultura que se ha consolidado sola, ya no tiene a los Países Bajos como referencia y desde luego a Francia tampoco. Entonces tenemos dos experiencias cinematográficas muy distintas, por una parte, la parte francófona con los hermanos Dardenne, que es muy de arte y ensayo, no demasiado comercial; pero por el lado flamenco también tenemos un público, la gente va a al cine, la gente ve la tele, le gustan sus programas, tenemos una industria que se está desarrollando, y tenemos tanto cine muy comercial -comedias, películas de acción, aunque no grandes películas de acción-, y también cine de arte y ensayo. La industria flamenca está creciendo, está llegando al extranjero, hay actores que han tenido mucho éxito, que van a Hollywood, que trabajan en grandes producciones que también luego van a Francia o también películas que han optado al premio Óscar recientemente… Es un buen momento para trabajar en el cine flamenco, hemos tardado veinte años en llegar hasta aquí, pero gracias a la televisión y la industria cinematográfica y a la manera en la que está subvencionando el gobierno creo que estamos creando grandes talentos.

 F: ¿El cine belga tampoco puede sobrevivir sin subvenciones? Por aquí algunos piensan que es un “abuso” exclusivo de la industria española…

“Necesitamos que el Gobierno nos ayude para crecer como industria”

JV: Bueno, estamos todavía en un momento en el que apenas se hace ninguna película sin subvenciones, necesitamos ese empujoncito final. Pero al mismo tiempo allí tenemos un sistema de ventajas fiscales gracias al cual las empresas pueden invertir en cine. Cuando se subvenciona se da un incentivo a las empresas privadas para que inviertan en cine, entonces, los presupuestos son mejores. Hay unas cuantas películas que ya han sido producidas así sin dinero público, son más comerciales, son comedias… Yo creo que necesitamos que el gobierno nos ayude para crecer como industria, y si lo hemos hecho hay que dar el mérito que se merece al gobierno flamenco. No solo ayudan a hacer las películas, sino también a exportarlas. La comunicación y la promoción que hace en los festivales, las ayudas a los directores y a los actores para promover las películas es un apoyo muy importante para que podamos existir.

F: Entonces no habrá resultado tan difícil viajar fuera de Bélgica con Brasserie Romantic…

JV: Creo que hoy en día es más fácil que antes por la globalización y porque en todo el mundo hay tantas cadenas de televisión que se están abriendo y necesitan contenidos… Además las fronteras se están diluyendo –que no desapareciendo-, y la gente tiene más curiosidad que antes, les gusta ver lo que está pasando en el extranjero. Yo creo que si una película es buena, es una buena historia, es universal, es fácil viajar con ella. Ahora vivimos en una sociedad en la que la imagen es muy importante y por eso confío en que trabajar en cine o televisión es una buena opción de futuro.

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