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Entrevista a Isaki Lacuesta, director de ‘Murieron por encima de sus posibilidades’

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“Cuando alguien tiene las ideas muy claras es porque te quiere vender algo. Son vendedores de ideas”

 

L

os que deberían tenerla prefieren guardarla para sí, no vaya a ser que les perjudique compartirla, los que no la tienen se la inventan y si la consiguen expandir es escrita en papel de servilleta, porque cuando la dicen a viva voz simplemente se la lleva el viento. La fórmula anticrisis es una quimera de la que le gusta hablar a cualquiera. Puestos a fantasear sobre algo por qué no hacerlo sobre esto… y por qué no pensar de paso en una solución excesiva, en algo que lleve implícito una buena dosis de venganza, en algo gore que nos haga reír, que nos haga sacar una carcajada perversa… La crisis la estamos costeando entre todos, pero soñar afortunadamente sigue siendo gratis, por eso lo que nos propone Isaki Lacuesta con Murieron por encima de sus posibilidades es un alivio rentable. Funciona bien a modo de revulsivo para evitar que toda la impotencia y frustración que llevamos dentro acabe provocándonos una úlcera.

Lacuesta se ha rodeado de lo mejorcito que hay en España a nivel actoral para retratar lo peor de esta patria nuestra. Su historia parte de cinco casos, cinco individuos grotescos, seres imperfectos y contradictorios que pierden la cabeza ante una situación límite. Ellos… sí, ellos, son los encargados de solucionar la crisis vestidos de oso panda. La hazaña va acompañada de una banda sonora muy especial –desde los créditos de inicio nos conquista con la música de Astrud-, y la entrevista que hacemos al cineasta también.


 

Farrucini: ¡Vista la peli, solucionada la crisis!

Isaki Lacuesta: ¡Ya está, lo hemos arreglado!

F: ¡Ha sido muy fácil!

IL: Bueno, muy fácil para ti (risas).

F: Sí, es fácil decirlo…

IL: (Canturreando a Albert Plá) “Todo es mentira…”. Me gusta mucho un verso de esa canción de Albert que dice “… y engañándome a mí mismo”.

F: Y al margen de este tipo de conversaciones de bar, de autoengaño, que abundan en Murieron por encima de sus posibilidades… ¿te has parado a pensar si hay alguna forma individual o colectiva se salir de verdad del pozo?

IL: Sí, claro. Me he parado a pensarlo muchas veces y como soy incapaz de responderlo, pues intento respondérmelo haciendo pelis. Mi forma es intentar no parar de hacer cine, intentar seguir trabajando en lo que más me gusta, yo creo que al final si todos intentáramos ser felices haciendo lo que nos gusta y sin joder a los demás… con algo así pues igual, no sé qué haríamos, pero peor no podría ir.

F: ¡Muy buena solución!

IL: Sí, en mi caso ha sido eso, si no habría pasado cuatro años en el paro, desesperándome y deseando matar a gente. En vez de hacer eso pues he hecho esta película a lo largo de estos años y me he ‘autocontratado’ a cambio de nada, pero no me he sentido desesperado y en paro porque me autoengañaba pensando que estaba haciendo cine (risas).

F: Es la primera vez que te has visto en una situación así, ¿verdad?

IL: Sí, sí, sí… Nunca había hecho cine en cooperativa.

F: ¿Lo has interpretado como un paso atrás?

IL: Pues no sé si ha sido un paso atrás o adelante, nunca se sabe… José Sacristán me contaba que habían hecho Un lugar en el mundo con Aristarain en cooperativa, ¡y luego terminó ganando el Óscar! O sea que nunca sabes qué sistema empresarial es el bueno. Yo desde luego hubiera preferido cobrar un sueldo, pero al mismo tiempo hemos tenido una libertad…. Vamos, que tampoco hemos tenido opción de escoger, lo que sí escogimos desde el principio fue no esperar a pedir subvenciones, ni ir a las teles, sino empezar a rodar y no parar, y no pedir permiso a nadie, hacer una peli sin pedir permiso me parecía importante. Sabes aquella canción del primer disco de Kiko Veneno que dice: “no pido mucho… hablar sin cambiar la voz, caminar sin muletas, hacer el amor sin que haya que pedir permiso, escribir en un papel sin rayas”, y todo ese tipo de cosas… Pues hemos hecho la película “sin que haya que pedir permiso, haciendo el amor sin muletas” (risas).

F: Traes la canción de Kiko Veneno, antes la de Albert Plá… En la película la música, sobre todo las letras, son una parte fundamental. ¿Por qué decides darle tanto peso a las canciones?

IL: Porque es una película muy pop también, ¿no?… Yo pensaba mucho en que fuera una película pop, que jugara mucho con los géneros, y también llevábamos bastante tiempo trabajando con Albert Plá y con Judit Farrés y entonces, bueno, ellos me hacías propuestas de temas, algunos originales, otros versiones como el caso de la canción de Marco. La canción de Astrud del principio, Hay un hombre en España que lo hace todo, la de un hombre que reparte las becas, que inventa el cola-cao, que monta los debates en Antena 3, que da los créditos… me parece que es un resumen de la película, y lo mismo la de Todo es mentira al final. En el fondo es como si la banda sonora fuera una especie de trovador que va acompañando la película.

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F: Hay un diálogo que me ha llegado al alma, el que mantienen los personajes de José Sacristán e Iván Telefunken en el bar, el de “nos quejamos pero luego nos pedimos otra”. Te cuento por qué… hace muy poquito, un colega mío y yo, también en un bar, también ambos en situación precaria y después de un pequeño varapalo laboral, llegamos a la conclusión de que podríamos renunciar a todo para sobrevivir menos a irnos de cañas. ¿Nos ha corrompido la sociedad o es que los españoles somos así y no tenemos remedio?

IL: Decimos los españoles porque somos de aquí y está bien que nos critiquemos a nosotros mismos, pero estoy seguro de que si fuéramos alemanes o japoneses nos cagaríamos en la puta y el país sería igual de cutre. Al final somos distintos, pero tampoco tanto… Pero sí, estamos en este momento en el que dices, vale sabemos que esto no funciona pero no sabemos qué hay que hacer para solucionarlo… y nos pedimos otra caña, como dice Sacristán. Sí… es un poco por esta sensación de no saber cómo seguir adelante.

F: ¿Qué es lo que nos han inculcado para reaccionar así? Parece una actitud derrotista…

IL: Sí, bueno… y quizá tomarnos la caña sea lo mejor que hacemos probablemente. Pero también es porque… por ejemplo el otro día leía un estudio que decía que cuando miramos Whatsapp o contestamos mails o entramos en Facebook al final no se activa el área del placer del cerebro sino que se activa el área relacionada con el trabajo, con lo cual nuestro espacio de placer y de ocio y de descanso está desapareciendo, cada vez estamos más chalados y más alienados, necesitamos estar conectados y nos convertimos en adictos… Está claro que no somos más felices que hace años, nos vendieron que trabajaríamos menos con las nuevas tecnologías y al final cobramos menos y pasamos más horas dedicados a sentir que hacemos pluriempleo, hay que hacer ocho trabajos para cobrar lo que antes cobrabas por uno y a veces ni siquiera. Entonces cuando dicen que estamos pagando por los pecados que cometimos cuando vivimos por encima de nuestras posibilidades me descojono de risa. Que me digan cuándo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

F: El principio de la película es muy berlanguiano… me ha venido a la mente también por ejemplo El pisito, con esos planos abiertos de barrio de extrarradio y, bueno, las situaciones que planteas en general así como de guión de Azcona… ¿Les tenías en mente?

IL: Sí, yo empecé la película contando que quería hacer Berlanga, luego no lo he dicho más porque me da vergüenza comparar el resultado con él (risas), pero sí, volví a ver las películas de Berlanga otra vez, volví a ver Moros y Cristianos, Todos a la cárcel, Los jueves, milagro… Berlanga es un maestro, y cualquier película coral en la que cada actor representa un fragmento de la sociedad española es muy berlanguiana. Yo creo que Berlanga pensaba en eso, en que lo que el NO-DO no podía contar lo contaba él, y si quieres entender España tienes que ver el NO-DO desde luego, pero lo importante está en sus películas. Y en las españolas de Ferreri, claro… La película va mezclando géneros, pero sí me gusta pensar que es una metaespañolada, que tiene algo de todo ese cine español.

F: Pero a medida que avanza la película tiendes al surrealismo, es como decir “ya de perdidos al río…”

“Yo creía que era Almodóvar y Coixet, entonces… ¿si no soy ellos quién soy?”

IL: Yo no tengo tan claro que sea surrealismo, a mí me parece más surrealista la portada del periódico de hoy. Yo que leo mucho El Mundo Today cuando termino a veces no sé si estoy leyendo La Vanguardia, El País o El Mundo o sigo en El Mundo Today. Las portadas que te encuentras son más chorras todavía… No, pero pensaba que a medida que avanzaba la película podíamos entrar en la locura y pensaba mucho en el mundo del cómic, por un lado en El Jueves y Makoki, por el otro 13 Rue del Percebe, Mortadelo, el Doctor Who, estas historias en las que abres una trampilla y no sabes en la siguiente viñeta en qué mundo vas a estar, ¿no? En el que Mortadelo puede transformarse en lo que quiera… Un poco es esta la lógica de la película, que me parece mucho más lógica y realista que la lógica con la que nos cuentan que inyectando dinero a los bancos nos van a salvar la vida a nosotros. Me parece mucho más surrealista eso que las propuestas de los personajes de la película.

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F: Llevabas un par de años rodando a ratos…

IL: Sí, tenía que coincidir que encontrásemos dinero y las fechas disponibles de los actores y también de los técnicos.

F: Y ahora que ya está terminada, estrenada, así visto con distancia, ¿me podrías decir cuál ha sido el mejor momento del rodaje y cuál el más sufrido?

IL: Para mí el mejor momento fue una noche, cuando íbamos a rodar la fiesta del banquero, que rodábamos justo encima de la casa de Iván, se cayó una escena que no nos dieron permiso y aproveché ese rato para dormir un poco, me fui a dormir a la cama de Iván… De repente, no había cenado, y escuché unas voces, me desperté y delante de mí tenía a los cinco pandas que me traían un gazpacho. Lo que sucedió a partir de ese momento hasta que entramos a rodar -afortunadamente el resto del equipo no sabe lo que sucedió allí (risas)-, yo creo que es de las veces que más me he reído en la vida.

F: ¿Qué llevaba el gazpacho?

IL: El gazpacho llevaba… verduritas. Llevaba pepino y eso… sí, y picatostes, sin más (risas).

F: ¿Y el peor momento?

IL: No lo sé… Ha sido un rodaje muy agradable, yo creo que lo peor fueron los momentos en los que fuimos a las televisiones a buscar dinero y me decían: “claro, es que no podemos comprarte la película porque ahora solo compramos nombres, y tú no eres Almodóvar ni Isabel Coixet… ni Paco León”. Y yo decía, ¿entonces quién soy? Yo creía que era Almodóvar y Coixet, entonces, ¿si no soy ellos quién soy? (risas). Me pareció muy curioso que tuvieran la necesidad de decirme quién no era. El peor momento era ese, ese momento en el que te sientes como un vendedor ambulante y tienes que ir llamando a las puertas o pidiendo limosna por favor. Te sientes como un pordiosero. No sé… decían cineastas que yo admiro mucho, por ejemplo en la película hay citas explícitas a Almodóvar, que me encanta.

F: ¿Cómo cuáles?

IL: Como… claro, igual no está en la peli… había una secuencia en la que Jordi Vilches metía droga en el depósito de agua de las monjas y entonces aparecían las monjas colocadas –como en la escena de los niños en clase-, y eso era un homenaje a Entre tinieblas. Pero eso al final se cayó del montaje. Es que me he cargado cincuenta minutos de peli…

F: Bueno, ¡pues para la versión extendida!

IL: Sí, bueno, ahí va a haber de todo, desnudos, otros actores famosos que no están, ¡de todo!

F: Es curioso, cada una de las películas que haces es de su padre y de su madre…

IL: Sí… es que me gusta hacer cosas que no sé hacer, y meterme en líos. Creo que es más gratificante.

F: ¿Y las haces diferentes simplemente por seguir explorando?

IL: Sí, es que hacer lo que ya sé hacer me parece aburrido. Prefiero… bueno, no es que prefiera, es que soy así (risas). En realidad mi temperamento me lleva a meterme en líos que no sé hacer.

F: Pero luego salen bien.

IL: ¡De momento sí!

F: Y nunca has tenido el temor de que se te pueda ir de las manos, de que algo no llegue a colar…

“En realidad en España cuando te arruinas es cuando empiezas a ser alguien”

IL: Sí, claro, pero, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué haga una mala película? No mataré a nadie, no soy cirujano, si fuera cirujano me tendría que preocupar, pero creo que con esto si apuestas fuerte y pierdes, ¿qué pierdes? ¿Años de tu vida? ¿Te arruinas? Pues tampoco pasa nada… En realidad en España cuando te arruinas es cuando empiezas a ser alguien.

F: Pero hay muchas personas que llegadas a esa situación se hunden, no solo económicamente, también psicológicamente…

IL: Pero yo siento que no tengo nada que perder. ¿Qué pierdo? ¿Tiempo? ¿Dinero? Pues bueno, sí, pero tampoco tengo nada mejor que hacer en esta vida que películas, me parece lo más divertido.

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F: Bueno, como no podemos definir, cinematográficamente hablando, un estilo Lacuesta…

IL: Yo no lo sé, yo siempre intento meterme en la cabeza de otra gente, creo más en eso… Me decía una periodista en Barcelona: “decía García Márquez –una periodista que no había visto ninguna de mis películas-, que siempre hacemos el mismo libro”. Yo no sé si eso es verdad, sé que hay gente a la que eso le funciona muy bien, cineastas y novelistas que admiro, pero yo por temperamento intento hacer lo contrario, me gusta más el modelo de Pessoa, intentar meterme en la piel o en la cabeza de otro e intentar hacer películas diferentes. ¿Quién era el que decía “tengo multitudes dentro de mí”? Pues me gusta pensar que soy así… Y me gustaría hacer cine de terror y un poco de todo… y hacer documentales que no vea ni Dios…

F: ¿Podemos definir entonces tu estilo, a secas, tu estilo de vida?

IL: Yo creo que al final es que todos somos muy omnívoros, en nuestra vida cotidiana un rato igual escuchas la canción de tal y luego la de Pascual, es como si tuvieras que decir, pues como me gusta Phil Spector y John Lennon pues no me gusta Verdi, es ridículo, ¿no? O te gustan los cómics y te gusta Faulkner, que me parece algo normal. Seguramente con el tiempo pues habrá algo que sí, habrá denominadores comunes inevitables y habrá un cierto sentido del humor negro o unas ganas de contradecirme, algo que está en todas las películas también… Que la película acabe llevándose la contraria a sí misma pues eso creo que forma parte de mi carácter… No tengo ni idea.

F: Al final casi todo el mundo se define como “contradictorio”.

IL: Claro, es que somos así. Es que en general cuando alguien tiene las ideas muy claras es porque te quiere vender algo. Son vendedores de ideas.

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