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Entrevista a Gabe Polsky, director de ‘Red Army’

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“El deporte es tan popular que siempre va a ser utilizado como una herramienta política”

 

Cuando terminó la proyección de este documental de tintes ‘comunistas’ –tintes los del cartel y los del título, Red Army-, escuché a alguien decir algo que me dejó descolocada: “a Gabe Polsky se le ha visto el plumero”. “Se le ha visto el plumero…”, repetí para mis adentros. No entendí. Lo que a mí me había impactado de hecho era la magia que había hecho este productor –a la dirección en solitario por primera vez con esta película-, para conseguir el equilibrio perfecto, para hacer un documental honesto, quizá uno de los más honestos que se hayan hecho sobre la guerra fría entre EEUU y URSS… ¡uy! perdón, quería decir sobre hockey sobre hielo.

Gabe Polsky se ha convertido y ha convertido a sus entrevistados en personajes, ha elegido y creado perfiles muy definidos, se ha hecho y les ha hecho parecer más humanos de lo que una cámara puede captar sin recurrir a la dramatización –los entrevistados se suelen encorsetar cuando toca hablar ante un objetivo-. Lo ha hecho aprovechando la naturalidad, la espontaneidad que normalmente desechan los montadores –la que queda para las falsas tomas falsas-. Y lo más importante, lo ha hecho sin manipular. El resultado es impecable.

Cuando terminó la proyección de este documental de tintes ‘comunistas’ sobre el mejor equipo de hockey de la historia, lo único que me apetecía era dar la enhorabuena a Gabe Polsky y también darle un abrazo. Tuvimos la oportunidad de hacer lo primero durante su paso por España, pero no lo segundo –jo-. Pero compensó el hecho de poder haber charlado con él, junto a otros compañeros, un ratito.


Tus padres son hijos de la URSS, tú has jugado al hockey… es verdad que es fácil adivinar lo que te ha llevado a hacer esta película, pero, ¿qué es lo que realmente hizo saltar la chispa?

Cuando tenía 15 años vi una cinta VHS de unos deportistas soviéticos jugando al hockey y me impresionó mucho, incluso a nivel espiritual. Era muy apasionada su forma de jugar, pensé que era algo profundamente expresivo. Todos queremos sentir eso, ver cosas deslumbrantes y mágicas en el deporte, y creo que esa creatividad, esa manera de jugar usando la imaginación es muy importante, pero en EEUU no se fomentaba, era como estar en la cárcel. A partir de esa frustración y mi pasión por ese tipo de juego decidí desarrollar esta historia. Yo estaba desencantado con mi experiencia, cuando yo jugaba en EEUU en la universidad, que es de los niveles más altos que uno puede alcanzar, primera división, siempre estaba peleándome con mis entrenadores porque eran muy cerrados de mente.

Además, cuando indagué en la historia del Red Army, de dónde venían, lo que habían pasado y sufrido, empecé a entender y a ver todas las conexiones que había entre la historia política de la Unión Soviética y la suya. Fue un proceso duro establecer esos paralelismos en la película porque tenía que hacerlo de forma fluida, con cierta sutileza, pero me dejé guiar por la intuición.

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En tu documental hay dos figuras clave, una es la de Slava Fetisov y otra, no tan obvia quizá, eres tú, detrás de la cámara. Sois dos personajes de carácter totalmente opuesto. ¿Hasta qué punto es cierto que Fetisov es tan altivo y vacilón y tú tan tímido y ‘novato’?

“A Fetisov le he sacado cosas que yo creo que no habría dicho ante otras personas “

Con Fetisov he sido bastante generoso (risas), pero también le he sacado cosas que yo creo que no habría dicho ante otras personas, no habría sido tan abierto, probablemente porque él sabía que yo había jugado al hockey, sabía lo que pretendía con la película. Yo era el director, pero él tenía el control, era una especie de juego de poder, pero… yo era el jefe, ya sabes (risas). Yo no quería estar en la película, pero cuando estábamos en el estudio visionando el material el editor me dijo que debía de estar. Pensé que parecía un poco estúpido, no quería que la gente creyese que soy idiota, aunque en realidad deberían pensar: “ha hecho una película, ¡así no será tan idiota!” (risas). Quedaba divertido. Empecé a hacer gags con los entrevistados dejando que se escuchase mi voz, que se notara mi presencia y gustó, así que decidimos utilizarlo como herramienta narrativa.

Fíjate, solo ha habido una crítica negativa del documental en EEUU, de un tipo nada conocido… Lo que decía es que ¿cómo este director tan estúpido ha hecho este documental, si no se entera de nada? Realmente había pensado que el juego era real, no lo había entendido, lo cuál es un mérito. ¡Pero me alegro de que la gente sí lo haya pillado! Que haya entendido que este juego forma parte del plan.

El productor de la película Werner Herzog suele interesarse por dos temas habitualmente, uno es la supervivencia humana y otro la locura, que queda reflejada en el que podríamos decir es el tercer personaje principal: el entrenador Viktor Tikhonov. ¿Compartes los intereses de Herzog?

Una observación muy interesante… Es cierto… Yo también pienso que hay algo dentro de mí que conecta con esos personajes extraños. A Herzog le atrae eso, esa extrañeza, ese misterio, esas rarezas que vienen de lugares difíciles de entender y que convergen en momentos que realmente son indefinibles…

Has conseguido que un deporte poco o nada popular aquí llegue a resultar atractivo después de ver el documental. ¿Cuáles han sido las herramientas técnicas y dramáticas para lograrlo?

Creo que, desde el punto de vista puramente deportivo, -aquí en España podéis apreciar lo que quiero decir-, el Red Army es como ese equipo de fútbol que ganó el mundial en 2010, es lo más parecido que hay a ese fabuloso equipo de hockey soviético, esa danza de pases, de posesión, de creatividad… es tremendamente bonito. La belleza, sea sobre hielo, sea en las artes escénicas, en la música, es algo fácil de reconocer. Los españoles sabéis lo que el deporte significa. Además es una bonita historia -con política y deporte entremezclados-, pero es una historia humana increíble. Lo que han pasado estos deportistas para llegar a ser lo que han sido, ese drama… Es una historia entrañable.

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Teniendo en cuenta que las potencias orientales siguen comprando equipos occidentales, ¿piensas que estamos de nuevo ante el inicio de una guerra fría canalizada a través del deporte?

El deporte es tan popular que siempre, siempre va a ser utilizado como una herramienta política, porque nos guste o no, tiene una gran capacidad de influir sobre la gente. No sé ni cómo ni dónde ni en qué grado será utilizado en un futuro… ni siquiera sé cómo habrá evolucionado el deporte en diez años.

Si pudieses viajar al pasado, si tuvieras la oportunidad, ¿qué tipo de entrenador te gustaría ser para el Red Army?

Es obvio que… para mí Tarasov es la encarnación de lo que debe ser el deporte, también he sido muy generoso con él porque creo que un entrenador tiene que incentivar esa creación expresiva, tiene que conectar con la gente a nivel visceral y espiritual, tiene que promover que la gente trabaje unida, sin egos. Para llegar a la esencia del juego se tiene que promover ese tipo de colaboración. El juego nunca llegará a ser perfecto, pero hay que esmerarse en ir por ese camino para intentar conseguirlo.

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