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Entrevista a David Ilundain, director de ‘B’

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“’B’ no está hecha para formar parte de ninguna campaña electoral. Que nadie se la ponga por bandera”

 

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o hay español que no recuerde aquella declaración… Luis Bárcenas cambia de estrategia y deja en evidencia –por decirlo finamente- a la cúpula del Gobierno. Las palabras que pronunció el 15 de julio de 2013 el ex tesorero del PP a puerta cerrada ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional trascendieron antes de tiempo, se filtraron con cuentagotas pero corrieron como la pólvora… Casi dos semanas después el público tuvo acceso a la declaración íntegra, pero los titulares ya habían sido publicados. Mariano Rajoy hablaba de “chantaje al Estado de derecho”, María Dolores de Cospedal repetía “es mentira” una y otra vez en rueda de prensa… y los españoles abrían los ojos. Bárcenas, el corrupto, el de los sobres, se metió al pueblo en el bolsillo.

Jordi Casanovas y Alberto San Juan vieron potencial en esa declaración y decidieron hacer de ella una obra de teatro (el primero al guión y el segundo a la dirección) con Pedro Casablanc y Manolo Solo como imputado y juez. David Ilundain fue espectador de aquella obra y quiso llevarla más allá, a más público, a otro formato, al cine. Inició una campaña de crowdfunding en marzo y ahora B, la película, es una realidad que se puede ver en las salas. Más que un sueño cumplido Ilundain ha llevado a cabo una necesidad. Fiel a las palabras, al tono y a los gestos nos regala un film para no olvidar.


Farrucini: Dicho sin maldad… es imposible que B nos vaya a descubrir algo nuevo, básicamente porque es un testimonio real que todo el mundo conoce, ¿cuál es el aliciente entonces para ir a verla?

David Ilundain: Yo creo que no es el qué sino el cómo, mi propia sensación como espectador la primera vez que vi la función teatral en la que se basa la película fue: “¿¡Cómo!?”. Fue como un shock ante algo de lo que yo me considero relativamente conocedor, en fin, soy una persona informada, pero los datos, los nombres, las palabras, no son lo que te sorprende, lo que te sorprende es ese relato cotidiano de alguien que es un corrupto, un corrupto particular, por decirlo de alguna manera. Por suerte, la sensación que hubo en la sala la primera vez que la vio el público ‘virgen’, se reprodujo: el reírse, incomodarse, murmurar… todo eso son señales buenas de que has cumplido un primer objetivo que es tener la atención del espectador y otro, el de contar la historia como la querías contar, en la línea en la que tú crees que va a funcionar.

F: De hecho tú mismo has comentado en alguna ocasión que cuando fuiste a ver la obra tenías precisamente el miedo de que a los diez minutos tu mente se hubiera dispersado en otra cosa… ¿Tomaste medidas preventivas para evitar algo así?

DI: No… medidas no puedes tomar porque hemos sido muy rigurosos, es algo que no hemos escrito nosotros, lo han escrito los propios personajes, los reales, que son Bárcenas, el juez Ruz y la gente ha había en la sala. Ahí no teníamos margen de maniobra, pero sí que es verdad que teníamos esa especie de test privilegiado que era esa obra de teatro y que tiene una relación con el público, así puedes intuir por dónde van los tiros y por dónde puedes conectar mejor. Pero claro, no deja de ser lo que es, es un riesgo, pero al mismo tiempo es como un arma de doble filo, tu mayor virtud y tu mayor defecto. Lo que a priori puede ser un hándicap acaba siendo tu mejor arma: que esto fue así, que es verdad, que por eso la sensación de shock es todavía mayor. Si lo hubiéramos escrito nosotros nos hubieran dicho: “¡Joer, qué exageraos! No puede ser tan cutre, no te puedes reír tanto…”. Pero es así.

F: ¿Te planteaste ir más allá y empezar a ficcionar? Me refiero más a la búsqueda de una explicación que a la pura invención, preguntarse por qué Bárcenas decide dar este giro y dejar a todos, presidente del Gobierno incluido, con el culo torcido.

DI: No así exactamente… lo que sí hicimos fueron algunos apuntes de guión mientras nos documentábamos aportando cuestiones tangenciales que se estaban produciendo alrededor de ese momento concreto. Luego las desterramos porque con muy buen criterio, Jordi Casanovas, el autor original, dijo: “es que no vamos a estar a la altura”.

F: ¡Todo lo que te puedas imaginar difícilmente puede superar la realidad!

DI: (Risas) Claro, es que no íbamos a ser capaces de escribir con ese grado de verosimilitud, y al mismo tiempo correríamos el riesgo de que se interpretase como manipulador. Por eso apostamos con quedarnos con el relato original y potenciarlo y buscar la sensación de verosimilitud al máximo, el hiperrealismo, con el trabajo de cámara, con la interpretación… Esas fueron las herramientas.

F: Pedro Casablanc ya tenía el papel de Bárcenas interiorizado, lo ha habitado durante mucho tiempo, no sé si a la hora de interpretarlo ante la cámara tuvo que reajustar a su personaje.

DI: Tuvo que estudiar mucho más porque tenía todavía mucho más texto que en la función teatral, porque en la función teatral solo estan juez y Bárcenas, y en este caso dábamos entrada a muchas más preguntas del interrogatorio, ya solo por eso era algo más complicado, no mucho más porque, insisto, yo cojo el testigo de una dirección ya hecha, unos personajes ya creados, por lo tanto yo tenía que trabajarlo desde el punto de vista cinematográfico, pero era relativamente fácil. Ni Pedro Casablanc ni Manolo Solo han nacido ayer, tienen muchísima experiencia, mucha más que yo, a su espalda, creo que demuestran estar a una altura brutal, yo no tenía que proponer grandes cosas, ellos tienen recursos de sobra.

F: Y de cara al futuro, pensando en una película distinta, ¿te gustaría “imaginar” cuál sería, por ejemplo, la cara de Mariano Rajoy, su circunstancia, cuando le llegaron estas palabras? Es decir, una película desde “la parte perjudicada”.

DI: Es difícil saber lo que hace el señor Presidente del Gobierno. La sensación que transmite es que no hace gran cosa. Pues… no, la verdad es que no lo he pensado (risas). No tengo ni idea de qué podría estar haciendo Rajoy aquel día. De una manera u otra todos estábamos pendientes, pero claro, ante esta sensación indolente del señor Rajoy… no sabría decir qué podría haber pasado por su cabeza.

F: Ni te lo planteas entonces…

DI: Bueno, me parece un personaje muy atractivo (risas).

F: Es cierto que estaba muy sereno… Salió del paso demonizando al que había sido su amigo sin que se le quebrase la voz, y al final lo que ha pasado es que Bárcenas ha generado simpatía, ¿esto cómo se traga?

“Hay muchos villanos que caen bien porque, en fin, el estafador tiene que ser simpático sino no te puede estafar”

DI: Cada uno que piense y sienta lo que crea y quiera, yo no tengo nada que hacer al respecto. Quizá no es tan sorprendente si pensamos un poco en lo que se ha dicho tantas veces: que este es el país de la picaresca, que hay muchos villanos que es lógico que caigan bien porque, en fin, el estafador tiene que ser simpático sino no te puede estafar. Por lo tanto, si lo enfrías un poco no es tan sorprendente que se genere cierta simpatía o cierta empatía hacia Bárcenas. Pero claro, el público es adulto, quiero decir, tú te puedes reír, pero también te das cuenta de que te estás riendo por no llorar o no tirarle una zapatilla (risas). Es una situación quizá de tensión, de perplejidad, y explota por el lado de la risa… ¡pues bendito sea! Que el público se ría me transmite mucha confianza porque en este caso la risa no se puede impostar. Es una reacción natural, con lo cual perfecto, significa que estás atento, te entretiene e incluso te divierte.

F: De aquí en adelante, ¿cuál es el plan entonces?¿Tienes pensado rodar más?

DI: No lo sé, se irá viendo. Nunca he trabajado con la ansiedad de dirigir, ahora ha surgido esta oportunidad, bueno… digamos que la creamos (risas), y estoy encantado, pero los proyectos que salgan pues ya se verán, no hay ninguno así muy inmediato que esté avanzado, pero sí que es verdad que durante este proceso de trabajo pues piensas que hay mucho más material en esta línea para trabajar, pero con lo que yo había hecho en mis cortos y tal no tiene mucho que ver… y además hay una cosa que en este país es peligrosa, que es ‘la etiqueta’. Por otra parte, hacer un proyecto, especialmente si es de cine, lleva mucho tiempo y tiene que tener mucha fuerza para que nunca sientas que el proceso no merece la pena, tienes que tener mucha constancia para acometerlo porque es largo, te tiene que agarrar muy fuerte.

F: Pero sí tienes pensado seguir siendo cortometrajista…

DI: Puede ser, sí, tengo siete cortos y sí, a mí me gustan mucho porque, sobre todo los últimos, los he hecho con amigos y siempre ha sido como… todos sabemos cómo se hacen los cortos: sin presupuesto y sin nada. Entonces digo: hagamos esto para pasarlo bien, para contar esta historia y con unos tiempos muy medidos. Me interesa hacer ese tipo de historias pero sin que se convierta en fango porque todos tenemos la experiencia de hacer cosas por amor al arte y de repente decir… “llevo aquí dos semanas y tampoco es que vaya a conseguir que esto marque un antes y un después en la historia del cine” (risas). En fin, lo digo de manera cómica pero sí, a mí hacer cortos de aquí te pillo aquí te mato me gusta.

F: B llega en un momento curioso: va a empezar en breve la campaña electoral a las generales y estamos en plena campaña a las catalanas, ¿es tu película un recordatorio para los votantes?

DI: Bueno sí, pero no puedo ser muy pretencioso, primero porque no es la intención de la película, la película no está hecha para formar parte de ninguna campaña electoral, de nadie… ¡faltaría más! Que nadie se la ponga por bandera, por favor. Nosotros, claro, sí queríamos ofrecer una película caliente, creíamos que tenía ese punto extra de conexión con el público y de necesidad. Se podrán hacer, probablemente, otras películas sobre este caso, o similares, que hay de sobra, pero este proyecto tenía ese punto de lo que los británicos y estadounidenses suelen llamar instant movies, que es hacerlo ahora porque es ahora cuando tiene ese valor. Esa sí es la pretensión. Que se vea ahora porque ahora se está hablando de esto, queremos entender qué puñetas ha pasado y tenemos urgencia en debatir. En ese sentido este país ha volcado, se ha dado la vuelta totalmente: de no hablar jamás de política a hablar de política en todas partes. Prueba de ello son las tertulias… lo que era Sálvame ahora es una tertulia política. En ese sentido nos sumamos a un camino iniciado por una obra teatral y la hacemos crecer un poco y enfrentarlo probablemente a más cantidad de público. Ahora, no puede ser el elemento de campaña de nadie y no es comparable, pase lo que pase con esta película, no se puede comparar el peso que tiene el relato continuado de cualquier partido político en la actualidad mediática, con lo que aporta una película, que es un relato más pausado, calmado, y que te permite dedicarle 80 minutos a lo que de la otra manera es un bombardeo de informaciones fragmentadas. Esto es dedicar 80 minutos a una sola información. Por supuesto que es una apelación directa al espectador a que piense por sí mismo, a que conteste a la pregunta de si la verdad cambia o no cambia nada, pero no me veo con esa dimensión de… no. Ojalá que ayude a pensar por uno mismo.

F: ¿No consideras entonces que has hecho ‘cine de propaganda’? Entiéndase propaganda no necesariamente como algo ‘negativo’. Hace poco tratamos el tema en Farrucini, en las películas de Hollywood de los años 40 se denunciaban las atrocidades de la guerra, -eso sí, siempre a favor del bando aliado-, pero el mensaje era pertinente y necesario.

DI: No es cine de propaganda por una razón muy sencilla, porque quienes lo hacemos no tenemos nada que ganar desde el punto de vista de la propaganda. El estilo cinematográfico que me citas estaba claramente impulsado por el gobierno norteamericano…

F: Cierto… los cineastas hacían campañas para vender bonos…

DI: Claro, en nuestro caso no (risas). Nuestra única pretensión es que la sala se llene y que el público lo vea y le interese y que haga esta cosa muy antigua pero muy útil que hoy en día está potenciada gracias a las redes sociales, que es la de decir, “esto lo tienes que ver, merece la pena, me lo he pasado bien…” Esa sí es la intención, pero no como propaganda porque, insisto, nadie que no seamos nosotros mismos, los implicados en primera persona tiene ningún interés político. Son tres productoras pequeñas, 597 mecenas, y una distribuidora independiente. Nadie más. No tenemos ningún rédito político. Obviamente es algo que te engancha con la política y la realidad de este país y obviamente nosotros ponemos el foco aquí, pero con un interés propio, como aportación o como necesidad de hablar de esto, pero como puedo hablar de esto con mis vecinos o provocar un debate en la pescadería a propósito para ver qué dice la gente, no para sacar rédito, sino para provocar que la gente hable de esto.

F: ¿De qué referencias te has nutrido?

“Mi pretensión es que ‘B’ se vea ahora, porque es ahora cuando se está hablando de esto

DI: Revisamos un poco el género judicial clásico, una obvia es Doce hombres sin piedad, que además también era una obra de teatro que luego tuvo su versión cinematográfica; y luego una sugerencia muy buena de Alberto San Juan, porque claro, no nos olvidemos de que estamos haciendo cine en España, y la realidad judicial de aquí es la nuestra, no tenemos que imitar el “todos en pie” del clásico juicio norteamericano que nos sabemos de memoria, que tiene ese potencial… ¡Me voy por las ramas! (risas). Bueno, como decía, un documental curioso que sí que revisé gracias a la sugerencia de Alberto fue The nens (De niños) de Joaquim Jordá. Es una película sobre la transformación del barrio del Rabal, visto desde la distancia, un poco el arranque de ese proceso que hoy en Barcelona está en cuestión, el de la Barcelona turística. Pues curiosamente la espina dorsal de ese documental es un juicio a un personaje al que se etiquetó como ‘el violador del Rabal’, un personaje muy turbio que tenía acusaciones de pederastia con niños de una asociación de huérfanos o similar del barrio. Ahí veías muy claramente cómo funcionaba la realidad judicial española. Aunque la película tenía unos años, cuando entré en la Audiencia Nacional se parecía mucho… cuando entras a una sede judicial en España -no a todas porque ya hay algunas más modernas, las que dependen de las Comunidades Autónomas que son más modernas y tal-, tienes la sensación en general de estar en Cuéntame, porque hay muchos papeles, llegan faxes… es como si se hubieran estancado.

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F: Hicisteis crowdfunding para hacer esta peli… Me intriga saber cómo fue el paseíllo por las teles para conseguir más aportaciones, o la solicitud de subvenciones…. ¿Alguien hizo algún tipo de comentario o rechazo de tipo político, algo que evidencie un ataque a la libertad de expresión?

DI: No, porque yo creo que si te los hicieran es porque creerían que te los pueden hacer, no ocurrió. Sí que es cierto que el proyecto ha estado encima de la mesa de las televisiones públicas y privadas y no ha fructificado. También ha estado sobre la mesa de los organismos públicos que pueden dar ayudas a películas, tampoco ha fructificado. Tuvimos que saltar la valla, ir a la plaza del pueblo, véase Internet hoy en día, y decir: ¿estamos locos o hay alguien más ahí interesado? Y lo había. Había, nos apoyaron, nos dieron el empujón económico pero también moral, y la certeza de que hay público que quiere que lo hagamos. Contraatacamos . La hemos hecho y ahora se la damos al público, insisto, saltándonos el muro y yendo directamente a ver qué ocurre. Hay muchas señales de interés. Hay muchas, pero por poner un ejemplo: estamos todos los días alabando películas o series de temáticas similares, que no son nuestras, Borgen danesa, Gomorra italiana, Houses of cards… ¡Y nosotros tenemos también material para aburrir! Da la sensación de que el público está ahí, ávido de haya este tipo de películas.

F: Una película 100% de financiación privada… Me choca, se dan subvenciones a cosas muy absurdas, infinitamente menos interesantes que esto. Yo sospecharía…

DI: Sí bueno… pero no puedo entrar en eso. Ante todo porque no me gusta ser victimista y porque no puedo entrar a valorar cómo un comité decide a quién le da la ayuda y a quién no. Tampoco por qué, en el caso de una televisión privada, deciden apoyar o no qué proyectos. Evidentemente cuando presentas un proyecto pues tienes que asumir que hay dos respuestas: sí o no. En este caso ha sido no. Es verdad que todo han sido noes (risas). Pero en fin, ya está. Ya está hecha.

F: Al margen de esto, ¿qué ha sido lo más complicado de hacer? Por lo demás es una película aparentemente sencilla…

DI: Claramente es que lo más complicado ha sido conseguir los recursos para hacerla. También -lamentablemente he hecho la cuenta hoy- llevo veinte años trabajando en esto como script, como técnico, al lado de directores… y claro ves y eres consciente de que el potencial que tiene una televisión es enorme y nosotros estamos deseando que esto llegue a la televisión, a todas las ventanas posibles, pero también a la televisión, que es la última y, económicamente, la más importante. Tú ves cómo para una televisión esto es la mitad de un capítulo de una serie cualquiera, entonces ahí dices, joé macho, ¿realmente creéis que no vais a tener unos buenos datos de audiencia con una película como esta? Yo estoy convencido de que sí. Entonces… ¿por qué no? Espero que contesten (risas).

F: Puede que el que conteste sea Bárcenas… ¿Te gustaría ver su reacción a tu película?

DI: Sí, pero no especialmente. No me muero por ello… Si él la ve y nos manda un sms pues vale…

F: “Oye David, sé fuerte…”

DI: (Risas) Sé fuerte, sé fuerte… (risas). Si él la ve y se pone en contacto con nosotros pues yo lo acepto, no hay ningún problema. De hecho creo que cualquiera de las personas reales presentadas como personajes en la película, la puede ver y creo que se sentirán razonablemente bien representados porque… primero porque está grabado. Ellos lo dijeron así. Y segundo porque creo que es serio, respetuoso, riguroso, para nada entramos en la parodia, y tratamos de ofrecerlo de una manera honesta. Yo espero que cualquiera de ellos si la ve lo sienta así. No es una película hecha para atacar a nadie y menos a esas personas concretas.

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