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Entrevista a Daniel Guzmán, director de ‘A cambio de nada’

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“No hay que interrumpir la vida para contar una película, hay que meter la película dentro de la vida”

 

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ay personas que reaccionan de forma extraña a la felicidad ajena… Hay personas a las que les invade una envidia malsana. Hay personas a las que la piel se les teñiría de verde solo con ver a Daniel Guzmán. A nosotros sin embargo se nos ha contagiado su felicidad. Al actor le han salido nuevos hoyuelitos de tanto sonreír y nos recibe algo afónico de tanto expresar lo que siente. Daniel Guzmán comparte su dicha de forma honesta, es una gozada escucharle hablar con semejante sinceridad. Somos muchos periodistas, son muchas las preguntas, seguramente las mismas que haya contestado ya, pero él no se cansa de contestar.

A cambio de nada no es solo su ópera prima, es un proyecto por el que lleva luchando una década… Es ahora cuando recoge la recompensa: Biznaga de Oro a la Mejor Película, Biznaga de Plata al Mejor Director, para el Mejor Actor de Reparto (Antonio Bachiller) y la del jurado de la crítica en el festival de Málaga… Y lo que está por llegar.


 

¿Cómo estás viviendo el recibimiento de la película?

Daniel Guzmán: Ni en los mejores pensamientos, ni imaginando dónde podíamos llegar con la película, había adivinado lo que está pasando. Para mí es muy emocionante lo que hemos vivido en Málaga, a nivel personal sobre todo y luego a nivel profesional, el que coincida la crítica, coincida la prensa y el jurado… no solo por los premios, sino por lo que estoy leyendo que la gente está escribiendo, para mí es tal emoción… También por lo que llevo detrás, porque son diez años los que he dejado todo por esta película entonces esa carga emocional y esa presión que tengo detrás hace que todo se sobredimensione más. Me ha sobrepasado tanto que no soy consciente… cada día soy más feliz pero porque ha pasado un tiempo y lo voy asimilando, el primer día es que ni sentía ni padecía, no podía expresarlo. Estaba hablando con mis amigos y me decían: ¿qué te pasa? Estaba como hecho polvo, y era quizá porque no podía explotar de la emoción, porque no me lo creía.

¿No te da cierto pudor contar en una película tu vida, o gran parte de tu vida?

DG: El haber vivido las experiencias que he vivido me vienen muy bien como material para intentar emocionar al público porque las he vivido, las conozco. Hay una parte muy importante autobiográfica, no lo niego, y además lo he dicho en alguna ocasión, es parte de mi vida, lo que no digo es qué es de mi vida y qué no, que cada uno lo intuya o elija. Sí te digo que es bastante poco… Podría hacer bastantes más películas sobre experiencias que he tenido para lo bueno y para lo menos bueno… dije, y es verdad, que es que la realidad supera a la ficción en este caso, hay mucho más ahí detrás que no voy a contar (risas).

Miguel Herrán (protagonista de la historia) era consciente de que te estaba interpretando a ti… Ha comentado cómo os conocisteis y cómo se veía reflejado en el personaje. La película le ha rescatado, por decirlo de alguna manera, de la calle.

DG: Lo mismo que me pasó a mí… El cine nos ha dado una oportunidad. Por eso es tan mágico el cine. Lo que le ha pasado a Miguel, siendo tan diferentes y viniendo de lugares tan diferentes, es la misma historia que me pasó a mí. Quizá por eso cuando yo le vi por la calle y le miré a los ojos hubo algo de conexión, yo ya sabía que era él, porque había algo detrás de esa mirada, de nobleza, incluso a lo mejor también un poquito de descoloque, de sufrimiento, que sabía que él iba a poder transmitir, el además tiene ángel, tiene algo… carisma, tiene algo que en la pantalla aguanta desde el principio hasta el final. Por ejemplo a Antonio Bachiller lo cogí de pruebas de casting, y Antonio las clavaba todas. Miguel hizo las peores pruebas del mundo, hizo tres pruebas y nadie lo quería, ni mis socios coproductores, ni las directoras de casting, decían: ‘esto es imposible, no tiene energía’. Estaba tan descolocado… pero porque había mucho ahí detrás. De hecho, de las cosas que más orgulloso me siento es de la secuencia del interrogatorio en el juicio, eso no es impostura, o conectas con eso y llegas a ese resultado o eso no sale; yo sabía que eso lo tenía. Luego pues, no sé, hay algo que nos une, yo creo que es la mirada, parece una tontería, pero lo digo de verdad.

Y que tiene ‘calle hecha’ como él ha dicho…

DG: Bueno, sí, puede ser… No es tanto como lo que yo viví porque era otra época, otro contexto social y era todo mucho más salvaje y más canalla, pero sí es verdad que él estaba viviendo una parte de lo que vive el personaje de Darío y lo ha podido transmitir. A lo mejor yo lo intuí, no sé por qué fue, pero sabía que era él.

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¿Has escrito este guión a modo de terapia, cuando lo hacías tenías claro que lo que contabas iba a rodarse y por eso tapabas o tapaste después?

DG: Yo siempre he pensado en el público. Esta película está diseñada desde el principio hasta el final para el público. Realmente las circunstancias, lo que yo viví me ha ayudado a contar la historia, y luego a partir de contar la historia y de investigar y de estar cinco años ahí levantando y limpiando el polvo de cosas que tenía tapadas pues he encontrado muchas respuestas, pero yo lo que quería era divertir al público durante una hora y media, emocionarle, invitarle a la reflexión si se pudiera y me serví de mis propias experiencias para hacerlo más auténtico. Pero no lo he hecho de una manera terapéutica… la película ha canalizado pero no lo hice para entender mi historia, que sí, la he entendido, pero yo lo que quería era tener una estructura dramática para contar una película y para entretener al espectador, lo que pasa es que me ha servido para mucho por haber hablado de cosas mías personales.

Entonces se lo has dedicado a tus padres posteriormente…

DG: Sí… Esa ha sido una de las decisiones más difíciles.

¿Es como una forma de perdonarles?

“Es mucho más que una dedicatoria a mis padres, es comprender que hacemos lo que podemos, no lo que queremos”

DG: Sí. Y de perdonarme a mí mismo. Porque yo he sido un chico complicado, soy muy inquieto y he sido muy curioso y he dado muchos disgustos la verdad, porque he sido un pieza y muy temerario en muchas cosas y he buscado mis límites… Eso a ellos les ha hecho también sufrir mucho. Yo se lo quería dedicar a mis padres porque en esas respuestas que he ido encontrando en esas etapas que he ido cerrando, me he dado cuenta de que yo si no es por mis padres primero no estaría aquí y segundo no habría hecho esta película. Yo he entendido a mis padres haciendo esta película, porque he sacado cosas mías. Ahí hay mucho más que una dedicatoria. Es comprender y entender que hacemos lo que podemos, no lo que queremos muchas veces. En vez de culpabilizar, que siempre culpabilizamos y juzgamos, hay que entender, a mí me ha hecho entender que ellos han hecho lo que han podido.

¿Cómo han reaccionado ellos?

DG: Como el público. Solo hay un público, que es un público inteligente, no creo que haya varios públicos, y yo creo que mis padres viendo esta película no ha hecho falta hablar, lo han entendido. Y yo he entendido. No tenemos nada más que hablar. Por eso yo creo que el cine es una herramienta educacional muy potente, para conocernos y para contar historias… es tan impresionante… Se puede usar el cine en sí para entender nuestra propia vida. Con mis padres lo único que hemos hecho es emocionarnos y darnos un abrazo. No hace falta más. Todos somos inteligentes y sabemos lo que hay.

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También es un homenaje a tu abuela, que actúa en la película

DG: Sí… Es una parte fundamental porque dentro de la estructura de la película mi abuela ocupa el lugar de esa relación intergeneracional entre un niño y una anciana que me parece súper rico, los abuelos son indispensables en nuestra sociedad. No quería hablar solo de la adolescencia, quería ir un poco más allá, y no había nadie mejor que mi abuela para transmitir esa autenticidad y ese sentido del humor. Yo lo tenía claro desde la primera letra que escribí en el guión. ¿Cómo ha sido? Pues muy emocionante, es materializar un sueño que yo tenía desde siempre, sabía que ella iba a funcionar en la pantalla. Si ya estábamos unidos mi abuela y yo esto ya adquiere una dimensión de felicidad absoluta. Luego el haber vivido lo que he vivido con ella en Málaga no te lo puedo expresar… Mi abuela no se dedica a esto, mi abuela vive en un pueblo en el campo y a mi abuela esto le pilla… ¡pues porque soy su nieto y no me puede decir que no! (Risas).

¿Le ha costado?

DG: Ella lo ha hecho fácil, lo ha hecho fácil. Lo que hay que hacer es no parar la vida, no hay que interrumpir la vida para contar una película, hay que meter la película dentro de la vida, ella lo que tenía que hacer era seguir con eso, y los niños igual, en el fondo es jugar. Nosotros como actores deberíamos ser igual, deberíamos jugar todo el rato y creérnoslo. Ellos, los niños y los ancianos, se lo creen y lo hacen, no le dan vueltas.

¿Cuál es el mensaje que quieres transmitir al público con esta historia?

“Yo soy ‘amoral’, no entiendo ni del bien ni del mal, entiendo de las circunstancias”

DG: Fíjate que yo no soy de mensajes… porque basta que yo intente transmitir un mensaje para que transmita otro. Intento contar una historia y que cada uno coja el mensaje que quiera. Sí que quería hablar de lo importante que es la unión o desestructuración de una familia en el desarrollo de la personalidad de un niño. No quería juzgar, quería entender por qué este niño hace cosas que a lo mejor “moralmente” están mal –que yo soy amoral, yo no entiendo ni del bien ni del mal, entiendo de las circunstancias-, eso sí quería contarlo, que entendiéramos cómo las personas podemos llegar a hacer cosas según nuestras circunstancias; pero ante todo lo que quería contar era una historia de amistad, entre chavales adolescentes pero también entre personas de diferente generación, como la de mi abuela o el personaje de Caralimpia con el personaje de Darío. Para mí el sentido del humor y la amistad es lo que da sentido a la vida y me basé en eso para contar la historia de un niño que en una huida hacia adelante hace una serie de cosas que a lo mejor no son correctas pero que son parte de la vida.

¿Cómo ha sido la experiencia como director?

DG: Pues he disfrutado muchísimo. Soy muy cabezón, soy muy pesado, soy muy obstinado, y seguro que he saturado muchísimo a todos, pero he disfrutado muchísimo, sobre todo dirigiendo a actores, eso es lo que más me gusta del proceso de trabajo. Es verdad que es muy duro porque con los chavales he ensayado cuatro meses, no es que haya jugado a la lotería y me haya tocado, hemos tenido que trabajar mucho, y con mi abuela igual. Pero es tan bonito el proceso… Para mí ha sido lo más gratificante, me apasiona dirigir.

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¿Has tomado como ejemplo a algún director con el que hayas trabajado anteriormente?

DG: No. He tomado ejemplo de mi experiencia, de cómo me he formado como actor. Luego de directores que a mí personalmente me han influido… cuando me pongo a escribir quiero hacer películas como ellos pero me salen otras (risas). Directores como Lars Von Trier, Haneke o Thomas Vinterberg, o Winterbottom o… de cine iraní que me encanta, Nader y Simin: una separación es una película muy referencial para esta película; pero luego a mí me sale el sentido del humor que no tienen mucho que ver… Me gustaría muchísimo hacer las películas que hace Von Trier o yo qué se, Truffaut, pero me salen otras.

¿A cambio de nada es ejemplo de lo difícil que es hoy en día sacar un proyecto en España?

DG: No sé si es el ejemplo de algo pero te aseguro que hacer cine en este país es complicadísimo, es el país equivocado para dedicarte a hacer cine, es así. Es tan difícil sacar adelante un proyecto… Lo de este proyecto es que sí es verdad que ha sido especialmente complicado primero porque son diez años de mi vida, segundo porque yo pensaba que me iba a costar menos escribir esta historia pero me ha costado muchísimo, quizá porque hablo de mí mismo y hay muchas cosas que tapo; pero luego levantar una financiación al no tener una televisión a priori, no tener ayuda del Ministerio, y al no tener ninguna otra ayuda porque fiscalmente tampoco interesa hacer cine porque hay muy poco incentivo fiscal para meter dinero en esta industria de forma privada… si a eso le unes que el contexto social y económico en el que estábamos ha sido el peor -porque nos ha pillado la crisis más brutal que yo he vivido nunca-, se iba juntado todo… Cada cosa peor que podía pasar pasaba y llegó un momento que yo veía que este proyecto no salía. Se me ha caído durante dos años y medio, casi tres años, porque solo la podía rodar en verano, la película es en verano y para que fuera verdad no podía ir a rodar en invierno en manga corta. Cada verano se me caía para el siguiente verano. Fue muy difícil… Luego es verdad que una vez hecha ha entrado Televisión Española, Canal+, Telefónica, Canal Sur… Estoy súper agradecido. Y que haya entrado Warner para mí era algo impensable por el tipo de película, pero han creído en ella y ahora estoy súper contento. Pero antes… para levantar un proyecto de casi dos millones ochocientos mil de financiación privada en el contexto en el que estábamos… nos hemos tenido que reinventar, no es una manera de producir que se haga en este país, a ver dónde encuentras tú socios, hemos tenido que crear una agrupación de interés económico, tres inversores, no hablo de crowdfunding, hablo de un presupuesto alto. Hay uno de los socios que ha invertido su patrimonio con muy pocas posibilidades de recuperarlo… Lo de esta película no es normal, no suele pasar.

¿Después de lo que has vivido con ésta película, lo bueno y lo malo, tienes ganas de hacer más?

DG: Lo primero que voy a hacer cuando pase todo esto en una semana o dos semanas, cuando la película ojalá se coloque y tenga un poquito de vida y tal, voy a irme una semana o dos fuera -a ver si aguanto dos semanas sin escribir-, pero tengo muchas ganar de escribir y tengo una película ya medio escrita que es una comedia muy canalla, muy radical de un antihéroe, un tipo que lleva viviendo 45 años del cuento. No es una historia autobiográfica pero en parte sí porque es de un amigo mío y yo lo único que tengo que hacer es estructurarla. Creo que vamos a disfrutar muchísimo en ese proceso de escritura con él y con otro amigo mío y espero que no me cueste tanto como esta (risas). Voy a disfrutar más del proceso de escritura, porque al no ser autobiográfica no voy a tener que tapar tantas cosas, voy a intentar disfrutar desde el primer día.

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