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La anterior inquilina se tiró por la ventana… aún no está muerta, pero debería

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– La anterior inquilina se tiró por la ventana. Aún se puede ver dónde cayó. ¡Mire! Va a tener que arreglar eso. Aún no está muerta… aunque debería. Está en el hospital Bretonneau.
– ¿Y si se recupera?
– No se preocupe, no se recuperará.

El quimérico inquilino (1976), Roman Polanski.

Con unos personajes inquietantes y unos diálogos que rozan el surrealismo, el cineasta polaco firma una de sus obras más turbadoras, al mismo nivel que La semilla del diablo y Repulsión, aunque también guarda parecidos con La ventana indiscreta de Hitchcock. Con sus dos predecesoras comparte el uso de lugares cerrados –un pequeño piso claustrofóbico, pasillos oscuros– y personajes desequilibrados, obsesivos, al borde del delirio. Protagonizada por el propio director, El quimérico inquilino es una obra madura que recoge lo mejor de su cine. La banda sonora, compuesta por Philippe Sarde, y la fotografía, del maestro sueco Sven Nykvist, colman una obra que el día de su estreno fue incomprendida pero que con el paso del tiempo se ha ganado un puesto entre las mejores películas de culto.

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