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Crítica de ‘Las sillas musicales’, de Marie Belhomme

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N

o la busquéis, es imposible encontrar un atisbo de maldad en la ópera prima de Marie Belhomme. La cineasta sustituye ese término tan feo por otro menos feo para equilibrar su película: el patetismo, ese tipo de patetismo entrañable que a todo el mundo gusta abrazar. Es su manera de conseguir que la dulzura del personaje que nos presenta no resulte empalagosa. Isabelle Carré hace el resto: da profundidad, humanidad y cuerpo a una mujer, Perrine, que se acerca a la cuarentena sin haber asentado su vida. Tiene un trabajo inestable. Es músico ‘casi’ profesional. Ameniza disfrazada fiestas infantiles -y no tan infantiles-. Es un cuadro naif en sí misma.

Belhomme escribe -junto a Michel Leclerc-, y dirige una comedia romántica clásica, sencilla, de tonos luminosos, plagada de situaciones estrambóticas –así lo exige el género-, pero le añade un plus de dificultad al conflicto del romance: él está en coma… por un accidente absurdo provocado por ella. No hay feedback, ella se lo tiene que inventar. De él no conocemos ni su rostro ni sus circunstancias. El espectador no tiene una posición privilegiada frente a la de Perrine así que ha de entrar en el juego de ir descubriendo a este individuo conforme ella tire del hilo. Isabelle Carré ha tenido pues tarea doble: construir su personaje y el de un hombre sin pasado ni presente. Carré construye y Perrine reconstruye. Y mientras Perrine reconstruye esa vida, paulatinamente se enamora de él. Y mientras se enamora de él, el público se enamora de ella. De Perrine o de Isabelle Carré… o de las dos. La actriz aporta tantísima pureza a su personaje que sus emociones traspasan esa fina línea que separa ficción y realidad.

Se trata más de un anhelo, el de querer que existan más personas honestas e imperfectas, capaces de asumir sus errores y capaces también de, al menos, intentar enmendarlos. No es una heroína, es sencillamente buena. El de Perrine es uno de esos personajes que te invitan a imaginar cómo sería el mundo si sus habitantes fuesen así. Permanecerían los defectos, pero no las malas intenciones, y seguro que a Mafalda jamás se le habría ocurrido pedir que lo paren, “que me quiero bajar”. Si algo le sobra a este personaje es su excesivo sentimiento de culpabilidad, clave, sin embargo, para empujar el argumento.

Las sillas musicales_1

Las sillas musicales no destaca por su originalidad narrativa y visualmente es correcta, nada arriesgada, pero equilibrada. Mantiene el pulso. Por lo que destaca es por ser una de las pocas feel good movies que hacen honor a la etiqueta. Una de las pocas que no se torna en melodrama tras el giro principal. Mención especial por cierto al papel de Carmen Maura, casi anecdótico pero esencial, pues es el puntito canalla que necesita esta historia cargada de inocencia.

Lo único crispante de la película es su hilo musical… no es una banda sonora, es hilo musical. Por eso es crispante. Por todo lo demás la obra de Marie Belhomme transmite vibraciones positivas y saludables. Aunque es probable que para parte del público lo crispante sea precisamente eso.

las sillas musicales cartel
Las sillas musicales
F_Punt_3

· Año: 2015
· Duración: 83 min
· País: Francia
· Director: Marie Belhomme
· Guión: Marie Belhomme, Michel Leclerc
· Fotografía: Pénélope Pourriat
· Reparto: Isabelle Carré, Carmen Maura, Philippe Rebbot, Nina Meurisse, Laurent Quere, Arnaud Duléry, Emmanuelle Hiron

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