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Crítica de ‘Gett. El divorcio de Viviane Amsalem’, de Ronit y Shlomi Elkabetz

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l cine israelí está viajando mucho, provoca muchas reacciones fuera de sus fronteras, invade la cartelera extranjera y no precisamente para hacer propaganda sionista. Hace unas semanas llegó a España Mis hijos, la última película de Eran Riklis -con quien por cierto tuvimos la oportunidad de charlar-, pronto podremos ver en pantalla grande La fiesta de despedida de Tal Granit y Sharon Maymon, y ahora toca acudir a la llamada que hacen Ronit y Shlomi Elkabetz con Gett. El divorcio de Viviane Amsalem. Son tres películas completamente diferentes entre sí, pero tienen en común algo que invita a la reflexión, no es tan solo su origen, es ante todo su esencia; lo que proponen es una denuncia social. Quieren dar voz a esa parte de la sociedad judía autocrítica a la que se suele acallar con desvergüenza. Quieren dar a entender que gran parte de esa sociedad no está de acuerdo con la política ni exterior ni interior que lleva a cabo su gobierno… Quieren denunciar la falsa moral.

El cine tiene el poder de magnificar las cosas, así que quizá no sean tantos los que apoyan los argumentos de estos cineastas. Desde luego, después de ver estas propuestas israelíes uno se pregunta, al menos yo me pregunto, cómo el señor Benjamín Netanyahu ha podido ganar de nuevo las elecciones “contra todo pronóstico”, tal y como rezaban tantos titulares.

La película que ahora toca analizar, la que cierra la triología de los hermanos Elkabetz, se centra en las grandes dificultades que tienen las mujeres en Israel para poder divorciarse, allí solo es posible hacerlo si el marido da su consentimiento. Si no lo hace, la mujer pasa a vivir una odisea judicial, plagada de argumentos irracionales que se repiten como un mantra, que exasperan. Eso es lo que le ocurre precisamente a Viviane, la protagonista de Gett. Una mujer que lleva años separada de su marido, que quiere ser libre y no puede por un formalismo absurdo: primero ha de convencer a los jueces y después estos, cuando están convencidos, han de convencer a su marido, y si no convencen al marido lo único que pueden hacer es… intentar convencerle de nuevo… en otra sesión, y en otra sesión puede pasar que sea el marido el que convenza a los jueces. ¿La solución entonces? Vuelta a empezar.

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La propuesta de los hermanos Elkabetz no es nada pretenciosa en las formas, de hecho es excesivamente sencilla. El noventa por ciento del metraje transcurre en la misma localización: una sala sobria de un juzgado sobrio. Sólo al final de la película vemos a los protagonistas en otro lugar… no muy lejos de esa sala: en los pasillos de ese mismo juzgado. La sencillez que escogen es en realidad muy arriesgada, la eficacia de la película está supeditada por completo a los actores. Estos han tenido la suerte de contar con un diálogo potente y lo han sabido manejar, un diálogo que en ocasiones desespera… cosa que hay que considerar como un triunfo, pues eso es precisamente lo que los directores quieren transmitir: la desesperación de Viviane.

Ronit Elkabetz es quien da vida a esta mujer, efectivamente, la cineasta dirige e interpreta. Al principio su  personaje apenas se defiende con cuatro palabras, parece limitarse a escuchar a todas y cada una de las personas que pasan por esa sala explicando sus argumentos, tanto a favor como en contra de su divorcio. En esos momentos Ronit puede dirigir sin dispersarse, pues el peso lo llevan otros… Ahora bien, en otros, ha de ser dirigida. Cuando pensamos que Viviane jamás va a poder expresarse como debiera -más allá de alguna que otra típica discusión marital-, Ronit despliega todo su talento salvando una película que de primeras es difícil de mantener.

Aunque debería serlo, Gett. El divorcio de Viviane Amsalem no es un pulso, sino un bucle… Algo que agota mentalmente… pero algo que hay que ver. Hay que verla para conocer esa realidad social, hay que destapar la hipocresía, hay que escuchar esa denuncia, una denuncia que debería traer consigo un cambio inmediato. Decir como aliciente que Gett no es de tan difícil digestión como pueda parecer por mis palabras. Entre tanto sinsentido -no el de la película, sino el de la situación que muestra, obviamente-, hay grandes momentos de ironía, hay espacio para la risa, para la risa como instrumento de supervivencia.

 

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Gett. El divorcio de Viviane Amsalem
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· Año: 2014
· Duración: 115 min
· País: Israel, Francia, Alemania
· Director: Ronit Elkabetz, Shlomi Elkabetz

. Guión: Ronit Elkabetz, Shlomi Elkabetz
· Fotografía: Jeanne Lapoirie
· Reparto: Ronit Elkabetz, Simon Abkarian, Menashe Noy, Shimon Sasson Gabay, Eli Gornstein, Gabi Amrani, Dalia Beger

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