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Crítica de ‘Aguas tranquilas’, de Naomi Kawase

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C

uando la muerte irrumpe en el mundo de los vivos desestabiliza la armonía de la existencia. No es necesario sufrirla en la propia piel, sino que basta con que un ser querido –un amigo, un familiar– se tope con ella para que todo aquel que lo rodee se plantee la cuestión más importante de la humanidad: ¿qué toca después de morir? En este caso todo transcurre en un pequeño pueblo rural en las islas Amami, en Japón. Es un lugar cálido, con antiquísimos rituales ancestrales y una población con una profunda creencia en el politeísmo. Está rodeado de unos paisajes mágicos, de aguas cálidas transparentes y de inmensos bosques tropicales. En él viven Kaito y Kyôko, una joven pareja adolescente. Ella tiene una madre con una enfermedad terminal. Él descubre un cadáver en la orilla del mar tras una tempestuosa noche de verano. Juntos tendrán que hacer frente a algunos de los aspectos más complejos de la existencia: la vida, el amor y la muerte.

Lejos de querer adentrarse en algunas de las teorías más complejas de la filosofía, Naomi Kawase prefiere mantenerse en el mundo de los vivos y retratar las preguntas que plantea la perspectiva de mirar al más allá. ¿Existe un después? ¿La expiración del alma va de la mano de la muerte del cuerpo? ¿Existe Dios y todo lo que ello implica? Además retrata (o más bien esboza) con fidelidad las relaciones de pareja en la adolescencia y los vínculos familiares.

El planteamiento existencial de Aguas tranquilas es extremadamente complejo. El problema con el que se encuentra Kawase es que su historia tiene unas pretensiones demasiado grandes: quiere abarcar tantos temas juntos que al final acaba por tocarlos todos pero no profundiza en ninguno. Mete en el mismo saco la muerte, el sexo, el amor, el miedo, el destino y el misticismo y los agita con fuerza, entremezclándolos e intentado explicarlos desde las historias de dos personajes completamente opuestos: la joven pareja Kaito-Kyôko. Con un protagonista masculino que roza la indiferencia interpretativa, la parte de Kaito es lenta y superficial. Es un personaje antipático, abstraído, que es incapaz de conectar con el público. Sin embargo Kyôko, interpretada por la actriz Jun Yoshinaga, consigue transmitir la suficiente empatía como para que los planteamientos de Kawase sobre la muerte resulten, cuando menos, interesantes.

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Kyoko tiene una madre al borde de la muerte, un padre con un gran corazón que se siente impotente ante la situación y un novio (Kaito) que no sabe si la quiere o la desprecia. A la joven se le plantean dos cuestiones a las que hasta entonces nunca tenía que haber hecho frente: sentir amor hacia otra persona y miedo por la muerte de un ser querido. Por un lado empieza a descubrir los placeres de la adolescencia y, por otro, necesita madurar para hacer frente a la crisis existencial y moral que plantea el hecho de perder a su madre. “¿Cuando ella se vaya desaparecerá su alma?” se pregunta Kyôko mientras mira a los ojos a un cordero degollado al que se le escapa la vida por segundos.

Si bien los planteamientos de la directora sobre temas tan complejos son como un bombón bien envuelto para el público exigente, falla a la hora de darles forma. El envoltorio está bien trabajado, pero el interior es un caos. Formalmente la película es hermosa; cuenta con unos paisajes que serían la envidia de Robinson Crusoe y Jim Hawkins. Sin embargo Kawase opta por utilizar la cámara en mano en toda interacción entre personajes, lo que acaba desestabilizando el posible “pictoricismo” del que podría haber hecho gala la película. ¿Quizá sea una manera de referirse a la dualidad naturaleza/hombre? Es difícil saberlo. A esto se le añade una duración excesivamente larga y unos personajes que, si bien están correctamente interpretados (salvo el protagonista), les falta desarrollo. Un ritmo pausado que parece no arrancar nunca y un final que acaba más de tres veces, acaban por convertir Aguas tranquilas en una película confusa, larga y, en ocasiones, terriblemente lenta.

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Aguas tranquilas
F_Punt_3

· Año: 2014
· Duración: 110 min
· País: Japón
· Director: Naomi Kawase
. Guión: Naomi Kawase
· Fotografía: Yutaka Yamazaki
· Reparto: Nijiro Murakami, Jun Yoshinaga, Makiko Watanabe, Hideo Sakaki, Tetta Sugimoto, Miyuki Matsuda, Jun Murakami, Fujio Tokita

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